martes, 2 de agosto de 2016

Políticas lingüísticas

La lengua: Fenómeno de exclusión e identidad
"Saussure define la lengua como un "hecho social", un producto social de la facultad del lenguaje y un conjunto de convenciones, adoptadas por la comunidad, para permitir el ejercicio de la facultad lingüística entre los individuos"

Resumen: El siguiente texto es un análisis crítico reflexivo sobre la influencia que tiene lo político y económico en los actos lingüísticos, particularmente en Suramérica. En él, se trata de ver la incidencia e importancia del lenguaje como patrimonio histórico-cultural y “herramienta” de exclusión, tomando como ejemplo el quechua como “la lengua del sur americano”. En una primera parte se introduce el tema desde lo reflexivo, luego se pasa a teorizar aclarando algunos términos, para concluir con la defensa de la lengua como patrimonio y fenómeno de identidad cultural.


Palabras claves: política, identidad cultural, lengua, exclusión, quechua.

A pesar de haber hecho estudios y lecturas en torno al lenguaje, ésta es la primera vez que estudiamos la lengua desde lo político. Si bien el pensar sobre las normas que día a día cambian en la RAE -por razones que hasta ahora desconocíamos-, ignorábamos el hecho contundente de cómo la lengua ejerce tanta influencia política y a su vez, económica, en los diferentes países y culturas.

En Colombia por ejemplo se hablan alrededor de 65 lenguas aborígenes y es más frecuente -no en gran número- ver indígenas en las grandes ciudades que van a la universidad y se profesionalizan. No obstante, esta cultura sigue siendo un emblema de nuestros antepasados, lo que nos recuerda de dónde venimos y, por tanto, el respeto bien merecido que se les tiene.

Aunque encontrar grupos de familias o pequeñas sociedades de indígenas tiene su localización específica en algunos puntos estratégicos del país -y decimos estratégicos porque es donde hay más turismo- también en el interior podemos encontrar pequeños grupos indígenas. Mencionaremos los grupos por familias lingüísticas, según tribu y hábitat.

Chibcha 
  • Arahuacos: Sierra Nevada de Sant Marta
  • Tairona: Sierra Nevada de Santa Marta
  • Muiscas: Región Central Andina
  • Tunebos: Casanare
  • Andaquíes: Caquetá
  • Pastos y quillacingas: Sur del País
  • Guambianos y Paeces: Cauca
      
      Caribe
  • Turbacos, calamares, sinúes: Costa Atlántica
  •     Quimbayas: cordillera centra
  •     Pijaos: Tolima, Antiguo Caldas
  •     Muzos y panchetes: Tierras de Santander, Boyacá y Cundinamarca
  •     Calimas: Valle del Cauca
  •     Motilones: Norte de Santander
  •     Chocoes: costa Pacífica


      Arawak:
  •     Guahíbos: Llanos Orientales
  •      Wayus o Guajiros: Guajira
  •      Piapocos: bajo Guaviare
  •      icunas: Amazonas

Si bien Colombia es un país bastante poblado, una gran parte de él es conformado por grupos indígenas y hay una variación lingüística bastante importante, inclusive en las capitales.[1] Ahora, teniendo en cuenta la variedad lingüística que hay todo un país, ¿cómo es posible ignorar su riqueza  y contrario a ésto, por cuestiones político-económicas, la lengua se vuelva una “herramienta” de exclusión social?

Para tratar de responder a este cuestionamiento adentrémonos primero en la explicación teórica de este fenómeno.

¿Qué es la política lingüística?
La glotopolítica, como campo de reflexión, tiene que ver con las intervenciones del espacio lingüístico: el lenguaje interviene en todos los procesos sociales. El campo de la política lingüística se constituye a partir de la década del cincuenta porque influye en el ámbito educativo (2014).

Tanto el ruso como el inglés son lenguas que se han ido expandiendo con el fin de ser lenguas mundiales. La política en lingüística es la que define cuáles lenguas son perpetuadas o cuáles no. En la glotopolítica existe una planeación del espacio lingüístico; los estudios glotopolíticos son los que se encargan de “ver” qué lenguas desaparecen, que lenguas continúan y si no, qué necesitan éstas para ser perpetuadas.

Para Calvet (2012); por ejemplo, la política lingüística analiza las acciones sobre la lengua (el corpus), fijación de una escritura, elaboración de glosarios, etc., mientras que el planeamiento lingüístico se encarga de diseñar “programas” que cumplan con las políticas lingüísticas; es decir, responde a demandas o requerimientos sociales. La glotopolítica estudia las diversas formas en que una sociedad hace uso del lenguaje, puede considerar diferentes temporalidades: larga duración, duración media y coyuntura.

Para Chantal (2012) lo político es un conflicto de luchas y la política un conjunto de prácticas sobre el cual se establece un orden.

Las lenguas son recursos económicos. El plurilingüismo tiene valor porque requiere, en alguna medida, de la Lengua, es un componente de la gestión económica eficaz de los recursos humanos (sobre todo de los inmigrantes) y un generador de plusvalía.

Etapas del campo disciplinario 
El poder por las políticas lingüísticas surge a partir de 2 procesos políticos:
·         Dimensión del mundo operada en Yalta por las potencias vencedoras de la segunda guerra mundial.
·           Procesos de descolonización en el espacio de los imperios de viejo tipo.

Diversidad lingüística
Diglosia: situación de convivencia de 2 variedades lingüísticas en el seno de una misma población o territorio, donde uno de los idiomas tiene un estatus de prestigio y uso oficial (normativo). Si hay más de dos lenguas se le llama poli o multiglosia. La lengua superior es la que corresponde a la sociedad más “avanzada”; sin embargo, las decisiones con relación a las lenguas están atravesadas por la política.
ü  Primera etapa: Delimita problemas, objetivos y metodologías, a partir de emprendimientos concretos de planificación lingüística, y señala el espacio de la Lengua como lugar de conflicto en donde se expresa lo político.
ü  Segunda etapa: Primeros años de la década de los años setenta, hasta mediados de los ochenta.

La defensa de las lenguas minoritarias es progresiva
Plantea la problemática de las lenguas regionales por una historización de las políticas lingüísticas, por la discusión y elaboración de conceptos centrales de la glotopolítica y por la puesta en marcha de procesos de planificación lingüística  exitosos en zonas desarrolladas económicamente.

En la lengua, el que se ubica en la cabeza, es el país que tiene mayor poder económico.

En su texto “La lengua es la patriaArnoux (2007), aclara que las políticas lingüísticas respecto del español, no son encaradas por los países hispanoamericanos sino por España, que lo hace obviamente, en función de sus intereses nacionales y los de la integración de la que forma parte.

Por razones políticas y económicas, el inglés ha venido a ser la lengua universal. Pero ésta se ha transformado con frecuencia en una lengua vehicular, una lengua franca que no permite esa profunda comunicación a la que aludía anteriormente. El español, por su riqueza lingüística y cultural, por su extensión geográfica, acorde con la multiplicidad de pueblos hispanos e hispanoamericanos que lo hablan, parece situarse en mejor posición frente a un porvenir mundial muy incierto. [Agustín Redondo, Presidente de la Asociación Internacional de Hispanistas, Zacatecas.]

Situación actual
Las lenguas nacen y permanecen libres e iguales de derechos.
El fenómeno multilingüe en Sudamérica es un fenómeno precolonial, el Tahuantinsuyo, era imperio de los cuatro puntos cardinales que abarcaba desde el sur de Colombia hasta el norte de Chile y Argentina y comprendía gran parte de los actuales territorios de Ecuador Bolivia y Perú.

Los incas (señor o alteza en quechua), poseían 3 lenguas distintas: el protoquechua, el protoaru y el protopuquina, después entendidas como quechua, aymara y el puquina.

Después de la colonización, en el fenómeno lingüístico surgió una interacción entre los hablantes de la lengua A (el castellano o español) y los hablantes de la lengua B (la aborigen y, especialmente, la quechua. Apareciendo además una nueva categoría tanto en A como en B, es decir,  el grupo AB, o sea el de los bilingües.

Desde hace pocos años se difunde y acepta la pluriculturalidad y el multilingüismo en nuestros países. En la etapa colonial y republicana surge un proyecto a fin de modelar la sociedad; sin embargo, la Lengua se concibe allí para el beneficio de una imagen unitaria en lo político, cultural e idiomático. El sector sin acceso al poder renunciaría a ella; es decir, los que no hablaban el español y los analfabetas, quedaban excluidos del proyecto nacional.

Se marca una gran diferencia entre el castellano (Lengua) y el quechua (dialecto). A ésto, Wölck (2012) sustentó la pertinencia de distinguir entre una modalidad de “lengua 1” o “etno-cultural” y una “lengua 2” o “socio-política”: La Lengua 1 es la pre estandarizada u oral, posee un sistema gramatical completo, su estructura común no aparece en una sola forma, no es entidad glotopolítica; sin embargo, a menudo puede ser multinacional, como el quechua, que se habla desde el sur de Colombia hasta el norte de Argentina. Y la lengua 2 que es sociopolítica, estandarizada, posee código escrito.

En marzo de 1972 se oficializa el quechua en la Ley General de Educación y en junio de 1972 se declara la política de educación bilingüe; sin embargo, la ley que decretó la oficialización del quechua sólo se implementó hasta 1977.

De esta manera, la ley general de educación interpreta la educación bilingüe como un mero sistema suplementario para castellanizar a los hablantes de otras lenguas del país y se define como una enseñanza bilingüe y bicultural al mismo tiempo. Ésta, abandona el recinto intraescolar y concibe la idea del núcleo escolar o “ciudad educativa”, involucrando todo un contexto.

Lengua: manejo político-social
La Asamblea Constituyente inscribió en la nueva carta constitucional el derecho de los hablantes de otras lenguas distintas que el español a que se respete su patrimonio cultural y su acceso a la educación por la vía de la lengua materna; pero al declarar que el español es la lengua de la república peruana, por el principio de ordenamiento jurídico, deja sin efecto la ley que oficializó el quechua y, en ese sentido, debe entenderse que el gobierno ha abandonado un proyecto que representaba un caso singular de planeamiento iniciado por la autoridad gubernamental, a fin de redistribuir el poder de la palabra y la capacidad de comunicarse y ser escuchado, en un país donde millones sólo han podido oír pero no hablar y ser escuchados a lo largo de la historia…

Las variedades lingüísticas son producto de las migraciones, mientras mayor sea el tiempo que los pueblos están separados y cuanto mayor sea la distancia entre ellos, mayor va a ser la divergencia lingüística. Este fenómeno no sólo está presente en el continente americano con las lenguas indígenas sino que lo mismo ocurre en Europa.

Entonces, ¿por qué una lengua como el quechua que se habla en casi todo el continente suramericano, pasa a ser vista como un dialecto convirtiéndose, para quienes no hablan, la “segunda lengua” (el español) como un fenómeno de exclusión? veamos algunas definiciones de dialecto halladas en el texto de Arnoux (2012):

  • Para Sapir es “una forma de habla que no es suficientemente distinta de otra para ser incomprensible para hablantes de ésa”;
  • Para Lehmann: “formas de habla con inteligibilidad mutua”.
  • Para Bloomfield :“disturbios en la comunicación”
  • Para Saussure: los dialectos tienen  “sólo un grado menor de divergencia” entre sí.
  • Para la RAE: “Sistema lingüístico derivado de otro, normalmente con una concreta limitación geográfica, pero sin diferenciación suficiente frente a otros de origen común.”
  • Para Calvet un dialecto no es más que una lengua vencida y una lengua es un dialecto que ha triunfado a nivel político y debe tener ciertos factores que hagan que la lengua sea vehicular: Factor geográfico, factor urbano, factor económico, factor religioso, factor militar y factor político.

Según estas definiciones el quechua no sería un dialecto sino una lengua y bastante importante, ya que es una lengua totalmente independiente, es la lengua origen de un gran número de indígenas y por tanto es patrimonio cultural de la riqueza lingüística del sur de América.

Sin embargo, y retomando la definición que usa Calvet, aunque el quechua se habla en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, al momento de decidir cuál entre todas estas variedades es la lengua central y cuáles son los dialectos, va a primar el poder político y económico de los grupos.

Actualmente vivimos la imposición (en un contexto imperialista) de unas pocas lenguas, particularmente el inglés y el castellano, que ya empezaron a expandirse enormemente a partir de 1492, fecha de la llegada de los europeos a América y del inicio del mayor genocidio y saqueo en 6.000 años de historia escrita. No es casualidad que las lenguas en riesgo de desaparición sean las de las comunidades más oprimidas económicamente: la realidad político-económica condiciona a la realidad lingüística.[2]

Para los hablantes de una lengua es “frustrante” desechar o ignorar una lengua materna sólo porque no es la lengua normativa. Para los docentes de lengua la tarea se complejiza aún más cuando un día se enseña algo y al otro, la norma cambia; nada más arbitrario que en los años 60 se mandaba a la hoguera a quien escribiera dio sin tilde en la o (dió) y hoy en día se manda a la hoguera si se la pones, y así todos los días con algo nuevo y más que nuevo indeciso hoy se dice o escribe de una forma, mañana de otra y pasado mañana se vuelve a como se hacía en un comienzo. Pero aunque la Real Academia Española, "fije" lo que no se puede fijar, porque es algo dinámico, a las lenguas las construye el pueblo, no son cosas puras, nacen de cambios progresivos y del contacto con otras lenguas, por lo que la norma en ciencia lingüística, es la repetición de modelos en una comunidad dada, lo que en ella es costumbre o tradición” bueno y malo son conceptos morales, no lingüísticos.[3]


Variaciones lingüísticas, ¿un fenómeno de identidad o de exclusión?
Retomando la gran variedad lingüística que puede surgir en una cultura o un país -específicamente hablando- en Colombia se han popularizado ciertas características lingüísticas particulares, que identifican a un paisa[4]no sólo como un habitante de una ciudad específica sino como colombiano.

En la década de los 80, surgió en la ciudad de Medellín[5] en las comunas de barrios más populares y centros penitenciarios de la ciudad un fenómeno lingüístico que se fue popularizando a tal punto que éste ya se habla y comprende en casi todo el país.

Así, lo que surgió como un fenómeno vulgar se volvió “símbolo” de identidad lingüística. El “parlache” se fue estableciendo en la cultura colombiana, a través de los medios de comunicación que le dieron y siguen dando espacio. Lo que inicialmente se definió como "modo de hablar de las juventudes”, el lenguaje de las esquinas de los barrios populares y de los arrabales, comenzó a entrar dentro de los ambientes académicos de las grandes universidades, los medios de comunicación social, las expresiones culturales y artísticas.

La oposición intelectual de muchos académicos que lo definen como un lenguaje ordinario y sin clase, no bastó para detener un fenómeno lingüístico con claro sentido sociológico. El parlache, al ser un modo de expresión de un mundo social marginal, lo es también de una generación: el parlache es evidentemente juvenil y este elemento fue preponderante en su difusión. “Sólo los jóvenes pueden entender a los jóvenes”, es una expresión de la filosofía juvenil popular y dicha expresión tiene su razón de ser.

El parlache es un acto de rebeldía, un fenómeno que puede ser comparado a los procesos que vivieron expresiones musicales como el Punk o el Hip Hop. Une a los muchachos en un solo lenguaje, un lenguaje hermético y hermenéutico que sólo ellos pueden entender y en donde están excluidos profesores, padres de familia, autoridades y en general aquellos cuyo mundo representa autoritarismo, incomprensión y otras cosas que hacen sentir al joven al margen.

En dicho espejo se refleja entonces el muchacho de la clase media y alta. Si el muchacho de los barrios populares utiliza el parlache como medio de expresión y protesta ante un mundo social excluyente, el muchacho de las clases medias lo hace a su manera para protestar ante una sociedad que de alguna manera lo deja solitario (padres de familia muy ocupados para sus hijos, profesores indiferentes ante sus inquietudes, amigos materialistas).

Sin embargo, tanto escritores como Alonso Salazar, con su obra: “No nacimos pa´ semilla” y directores de cine como Víctor Gaviria, con su película “Rodrigo D. NoFuturo”, fueron los pioneros en el salto del parlache al panorama nacional. Desde ahí comenzó una ola de popularización del parlache, ahora es común que en casi todo el país se hable, entienda y difunda este modismo.

Los colombianos se identifican con él, tanto dentro como fuera del país. Esta jerga popular se ha vuelto patrimonio de su cultura y ha llegado a convertirse en parte de su propia identidad y quienes no “entiendan” este fenómeno dentro de un contexto marcado en la violencia de los años 80, queda excluido, así como quien estuviese en Francia sin saber hablar el francés. No es un ejemplo descabellado, tanto el francés como el español surgieron del latín como otras lenguas y a través del tiempo, por razones políticas y económicas dejaron de ser “dialectos” para establecerse como lenguas.

Es así como el lenguaje, en palabras de Steven Pinker, “es la capacidad más distintiva de la humanidad, es una ventana hacia la naturaleza humana, y lo más significativo quizá; el lenguaje es una de las maravillas del mundo natural”. Y más allá de lo político y económico, más allá de la norma, lo que está bien dicho o escrito, de lo que está mal, cualquier transformación del lenguaje es un fenómeno natural que surge del pueblo y habla más allá de todo eso, de la riqueza lingüística de la sociedad y de su realidad cultural.


Cibergrafía
  • Arnoux, Elvira. (2012). Políticas lingüísticas en el Perú: Cátedra. Sociología del lenguaje segundo cuatrimestre.
  • Arnoux, Elvira N. de. (2014). “Glotopolítica: delimitación del campo y discusiones actuales con particular referencia a Sudamérica”, en Lenka Zajícová y Radim Zámec (eds.): Lengua y política en América Latina: Perspectivas actuales; Actas del II Coloquio Internacional de Estudios Latinoamericanos de Olomouc (CIELO2). Olomouc: Univerzita Palackého v Olomouci, en prensa. 

Epistemología del lenguaje

La aventura de la palabra
Por: Diana Osorio[1]


"Aquel que conoce el poder de la palabra presta mucha atención a su conversación. Vigila las reacciones cusadas por sus palabras, pues sabe que ella nos retornarán al mismo punto sin haber causado un efecto" Florence Scovel Shinn

"No estamos a cargo de todo lo que informamos". Candelero

Palabras claves: lenguaje, palabra, lengua, sujeto, subjetividad, cultura

Resumen
El presente texto es un análisis reflexivo sobre el poder que tiene la palabra en uso, su carácter aventurero y transformador de realidades. En la primera parte, se hará una breve contextualización al tema, partiendo desde el lenguaje para llegar al campo de lo epistemológico, usando la teoría de apoyo, los conocimientos previos y algunas fuentes externas a manera de monografía. Posterior a ello, se hará énfasis en la sustentación argumentativa de determinar la importancia que la palabra tiene en la subjetividad, en tanto que es transformadora de realidades, a partir del análisis crítico de una noticia que ha tenido revuelo en Colombia. Finalmente, se hace una conclusión que marca hincapié en cómo la palabra puede transformar una realidad, de ahí su carácter aventurero.

Contextualización
Abordar el lenguaje desde una posición epistemológica tiene su importancia dado el hecho de que es precisamente pensar el lenguaje -sus hechos, construcciones, relaciones con el pensamiento, el cerebro, lo socio-cultural, etc.,- lo que nos lleva a estudiarlo de manera más profunda.

El lenguaje tiene una íntima relación con el sujeto, lo cual se evidencia en la importancia y la necesidad de comunicarse que surge entre éstos; si entendemos que éste no hace referencia únicamente al habla, a la lengua y su uso. En sí, éstas nacen del lenguaje mismo, “el lenguaje se deduce de la necesidad del hombre de expresarse y objetivarse a sí mismo”;[2]  en otras palabras, el lenguaje es la piel del alma.

Desde un paradigma chomskiano generativista el lenguaje constituye una ventana que posibilita describir la estructura de la mente humana[3]. Para los post-positivistas. La realidad puede ser captada, a través de la mente y puede ser representada como es, hay permanencia de la mente por la captación del lenguaje; por tanto, el pensamiento se encuentra entre la realidad y el lenguaje.

Chomsky afirma que el lenguaje está antes que el pensamiento y plantea que el idioma influye o determina la capacidad mental. La "gramática generativa" hace suponer que el pensamiento se desarrolla como consecuencia del desarrollo idiomático. Por lo tanto, si se considera que el lenguaje es un estado interior del cerebro del hablante, independiente de otros elementos adquiridos del entorno social, entonces es fácil suponer que primero está el lenguaje y después el pensamiento; aún más, si se parte del criterio de que el lenguaje acelera nuestra actividad teórica, intelectual y nuestras funciones psíquicas superiores tales como la percepción, la memoria y el pensamiento.

Si pensamos al hombre como producto social en su quehacer intelectual y no únicamente como ser vivo, entonces debemos ver al mismo, como sujeto que tiene un lenguaje intrínseco el cual se lleva a cabo a través del pensamiento.

Pensar es en sí poder llevar el lenguaje a la acción, a la palabra, a la representación, a lo que se imprime, se opina, se cambia…, son todas estas relaciones entre lenguaje y pensamiento las que hacen posible dejar de ver al hombre como un ser vivo para ser visto como un sujeto cultural y social.

De esta manera, cabe preguntarnos ¿en qué medida hacemos uso de la palabra en la comunicación -oral o escrita- para producir un efecto en el receptor? ésto, puesto que le damos a nuestros discursos ciertos “tonos” que sirven para orientar al receptor sobre el sentido del mismo (intención comunicativa), posibilitando que éste, interprete de manera acertada, el enunciado.

Teorización
En la primera parte del texto “Ciencia, arte y religión: observaciones filosóficas” del Dr. Neldo Candelero, el autor hace referencia a “La Palabra” y realiza unas observaciones en relación a esta. Aquí se tratará de hacer un análisis expositivo, pero a la vez argumentativo, en busca de “defender” el valor que tiene la palabra, su poder, en tanto lenguaje “puesto en escena” que posibilita una comunicación, eficaz o no, entre los usuarios de la misma.

La palabra es una aventura porque jamás se sabe -una vez pronunciada- qué efecto pueda producir en un interlocutor. Dependemos de ella, es la fuerza que mueve al universo y es quizá nuestra mejor aliada o nuestra peor enemiga, porque en realidad “no estamos a cargo de todo lo que informamos”.[4]

Varios autores, entre ellos Popper, Bühler y Lorenz, sostienen que hay tres tipos de palabra: la expresiva, la apelativa y la representativa, y según Lorenz es la palabra representativa la más humana, debido a su uso. Las otras dos, son variables para los animales.

La palabra es toda obra de un cuerpo que anuncia, aunque aún no enuncie. Como expresión es como un gesto, un suspiro, un brillo en los ojos, es corpórea, porque viene de aquello que callamos; esta “emerge, surge, sale: es nuestro cuerpo en su modo de ser: emergencia, surgencia, salida. Siempre ya comunicamos. Decir o no decir, es un modo de estar “hablando”.[5] La palabra como expresión, aparece inequívoca, habla de nosotros: un perro mueve su cola en señal de felicidad, esta característica la hace natural y por lo mismo, gestual.

La palabra apelativa, es obra de una subjetividad. Es toda una acción construida, es ocasional, una construcción subjetiva.[6] Es en sí, una convención social; es decir, es una acción que propone y como propuesta social, se ha aprendido. Por tanto, es artificial y social, porque ha sido elaborada para, de alguna manera, encontrar una forma clara de comunicación.

Se puede decir que esta surge si hay otro que puede “saberla”, entenderla, de ahí su carácter social; no sólo surgirá si hay otro que puede saberla sino al modo en que otro puede saberla[7], por ejemplo, un lingüista hablando sobre gramática, “dejará salir” sus palabras, de acuerdo a quiénes le estén escuchando, no será lo mismo hablar para otros lingüistas que hablar para personas que apenas están aprendiendo sobre gramática o para personas del “común”, personas que hacen lenguaje pero no entienden sobre él.

Por su parte, la palabra representativa, habla más por nosotros, que de nosotros[8]; podemos tener “control” de ella, evitarla, pensarla, antes de ser pronunciada; por tanto, nunca la representación es lo representado, en términos de Candelero; para el autor cada cosa es mucho más de lo que dice el término que lo describe. De alguna manera es un pensamiento muy saussureano sobre el lenguaje, más específicamente sobre el signo lingüístico, su arbitrariedad, sobre la gran distancia y diferencia de sentido que hay entre lo dicho y el signo que lo representa. Hablamos en signos sobre los signos, no en signos sobre las cosas[9].

Nacemos en un mundo de signos, pre-existen antes que nosotros, pertenecemos a ellos más que a la inversa. El signo representativo, es un signo que se construye sobre otros signos, se sabe de nosotros por nuestra obra, por ello sabemos de nosotros y de los demás[10].

Para el autor, existen otras formas de palabras, y si bien no son construcciones sintácticas, son representaciones de algo que hay que decir, veamos:

ü  El grito: es palabra expresiva, en tanto gesto, si bien todavía no es pensar, pues el grito no es objetivo, es como si despertara el lenguaje de las palabras, así como el trueno comienza la lluvia.[11] Pensar es de alguna manera el destino del hombre; en palabras de Ponty, el grito no carga sentido y, por consecuencia, no se recibe puramente, no “viene dado” sino que es recogido por un acto del espectador.

Se da a entender que lo visual predomina sobre lo táctil, por lo menos para los occidentales. En la percepción visual, el hombre se entiende como sujeto y ser sujeto es nunca perderse a sí mismo, contrario a esto, el hombre no lo es tal, o lo es pero “discapacitado”, no como humano sino como humanoide, es un autómata[12].

Por ello, la percepción visual garantiza la subjetividad, la imagen habla por la cosa, no es ella misma, pero sí la representa, en tanto convención social de un signo que representa. Para Occidente prima la imagen y de no ser así, Occidente tendría otras ideas.

El grito, puede contactar y a su vez, conducir, no es posible de infinitas interpretaciones, estas surgen cuando el hombre está a distancia: esto es, cuando el hombre logra ser sujeto del mundo.[13]

ü  La oración: es expresión, no diálogo, es biológica, signo sin saber, grito desnudo; es un ser fuera de sí y del mundo, esperando adopción.[14] En este apartado, el autor indaga sobre si la oración es palabra expresiva o apelativa, deja claro que no hablará o desarrollará el tema porque para ello hay textos que profundizan en él, sin embargo sugiere, y escribe sobre el  biólogo, K. Lorenz, citando su libro “Hablando con las bestias, los peces y los pájaros” y como puede de alguna manera, describir su relación con la vida, su infancia rodeada de vida silvestre y también su adultez, la vida hay que observarla, pues en ella, del no ser al ser, se pasa en proceso.[15] Algo así como el conocimiento, es un proceso, aprender es algo que se va “ganando” paso a paso.

Y así como el proceso vital que tiene un animal que surge, que se “integra” en una sociedad, de igual forma el humano, quien también es social y los seres sociales, no sobreviven sin los otros, no pueden ser solos, nada son sin esos socios que le mantienen en el ser de esta vida. Los hombres necesitamos de al menos otro y ese otro debe ser de carne y hueso, y distinto, y mayor, y mejor que yo.[16]

La oración es una composición, una producción, cabe resaltar que  las obras de arte hoy parecen ser documentos testimoniales del no saber ni pensar nada: garabatos; hoy cumplir equivale o se interpreta como copiar, y ello no es ni deseable, ni conveniente, ni valioso.[17]

Retomando a Candelero en su texto, veamos las demás observaciones que hace en la primera parte de su libro sobre la palabra:

La palabra y los hechos
La palabra denota los hechos, en la palabra, el hecho es algo. El hombre vive en un mundo local y escrito, es el pasado mismo. Para saber de un suceso, de un hecho, lo sabemos a través de palabras, esos signos que las conforman, de lo contrario no “existirían” los hechos, no se sabría de ellos. Sabemos de la historia porque está escrita con signos verbales, con palabras, por eso, “saber es siempre, saber una parte”[18]

Ciencia y mythos
La palabra denota, aunque antes  instaure. Los hechos son siempre ya en palabra, por eso, la ciencia hace uso de ella, la palabra, para hablar de los hechos, aunque muchos de estos hechos, sean mitos instaurados, a través de textos que nos cuentan, el origen del universo, por ejemplo.

El signo y lo real
Real es lo que (exista o no, observable o no) importa, vale, rige, impera, manda, para una comunidad de usuarios, al interior de un contexto determinado; es todo aquello a lo que consideramos o creamos real; es “todo aquello que es y se encuentra en signo”[19]. Aquí, el autor sostiene que todo lo que se nombra, desde el signo es real, así esto sea una entidad sensible, imaginaria, un ser divino, entidades teóricas…, pues todas estas entidades viven y se encuentran en signos, ya sean verbales, símbolos, signos pictóricos, etc. Podría decirse entonces que la palabra, a través del signo, hace que las cosas tengan sentido, se hacen reales porque son nombradas, son subjetivadas.

A lo real se le opone lo irreal, pero Candelero sostiene que “entre lo real e irreal no hay diferencia por salto, no hay heterogeneidad, sino gradualidad”[20]. Deja de ser real lo que no “existe” como un hecho, a pesar de que el hombre mismo, vive por fuera de los hechos.

Las lenguas
Los signos viven en la palabra (y en otros signos) el hombre habita sensiblemente sus obras, sus signos: signos lingüísticos, que constituyen redes singulares: lenguas, cada lengua es un modo de percibir el mundo. Es por la lengua que se “pertenece” a un pueblo, y no se habla del idioma, sino de las particularidades de esa lengua que se usa.

Candelero sostiene que soy griega, por ejemplo, si hablo griego, si percibo, siento, pienso en griego, pues estoy ejerciendo su lengua. No obstante, esta afirmación da para pensar en si una obra literaria, por ejemplo, es argentina porque se escribe sobre Argentina, así quien la escriba sea un extranjero, o lo es porque la escribe un Argentino, así éste en su obra no mencione ningún aspecto de su tierra (lo que sería muy inusual).

Sin lengua un pueblo pierde su identidad, sus valores, sus tradiciones…, “caduca lo divino mismo –los dioses (como los hechos) demoran su brevedad en la lengua y se encuentran por entre medio de ella, y si ésta desaparece…, no hay entonces quien los indique, sostenga, recuerde, despeje. Perdida la lengua desaparece el pueblo,”[21] aunque no biológicamente hablando, pero sí el modo de ser, pues vivimos a través de las palabras, palabras como signos, la palabra tiene el poder de llevarnos a un lugar, a un momento, a un recuerdo, a una situación y como lo sostiene el autor…, “entre los poderes de la palabra está el de traer al presente, el de instaurar, aunque también el de indicar, señalar”.[22]

Para Occidente, la palabra es el lugar del sentido, lo que “opera” en lo real, sólo somos, a través de la palabra, el signo todo lo ocupa, nos urge tanto la palabra que le huimos al silencio, escribimos, leemos, escuchamos, hablamos, siempre estamos en palabras, “para nosotros, es evidente, que el signo es todo lo que hay”[23]

Aún así, es necesario acercarse a ella, las palabras no nos pertenecen, sólo nos sirven para determinadas cosas, comunicarnos, expresarnos, darnos a conocer, etc., son un camino o puente que nos permite nombrar la realidad y a su vez, la manera de percibirla.

La comprensión verbal
Parece ser un acto directo y propio. Para Merlau Ponty, no se piensa en ideas, se piensa en palabras. En la comprensión verbal hay un trabajo del pensamiento, y comprendemos y damos cuenta de ello, es a través de la palabra. Cuando el pensamiento nos envía esa “palabra adecuada” que no es más que la palabra que describe lo que en el momento pensamos.

“No hay significado previo ni libre de la palabra, ni para el donante ni para el receptor”[24], es así como cuando un sujeto habla, tanto quien lo hace como quien lo escucha comprenden lo dicho, todo ello en el mismo sentido en relación con esa palabra. Quizá, sea por eso que es tan difícil hacerse entender cuando ni yo mismo sé cómo explicarme.

Ahora bien, para que haya una comprensión verbal, a través de la palabra, es “claro” que se debe hablar en la misma lengua, esa lengua común, aquella que no es exterior ni extraña, tanto para el emisor como para el receptor. “Hablar una lengua es, naturalmente, hablar en sus términos”.[25] Es por eso que entendemos a otro, porque ambos estamos, pertenecemos al mismo mundo sígnico (la lengua).

La aventura de la palabra es ese juego, ese riesgo, ese salto al vacío en donde “si hay otro que entiende, es porque él mismo puede hablar -recorrer sentidos ajenos. La posibilidad de entender al otro radica en la posibilidad de hacer lo que el otro hace –decir lo que otro dice –de transitar por donde el otro va. Quien habla –es una posibilidad: es lo que puede hacer un maestro o docente –puede llevar al otro a saber de lo que él ya ha encontrado: siendo así, hablar es conducir, es inducir. Quien habla –es otra posibilidad – puede llevar al otro y llevarse a saber lo hasta entonces no sabido. (El aprendiz también lleva al maestro). Siendo así: hablar es descubrir…, hablar es aventura”.[26]

ü  Alumno y maestro: cuando un sujeto habla entienden el parlante y el oyente por algo en común: la palabra. En esta relación que se da de maestro/alumno, la comprensión es clave, de lo contrario se pueden presentar diferentes situaciones; o el alumno no entiende y por ello se siente inepto o da cuenta de que su maestro sabe, pero no sabe explicar, siendo así, existiría un desencuentro entre ambos.

El alumno “necesita” saciar ese pensamiento, que el maestro despliegue su conocimiento, principalmente los cómo  (razones y causas) de lo que explica, lo que sugiere que ser maestro incluye el ser alumno, el buen docente debe ser un buen aprendiz y en esta dualidad, lo que se da entre alumno y maestro, es frecuente que sea el maestro quien más aprende.

ü  Cosas, causas, razones: las razones teóricas buscan causas concretas. Las causas son objetivas no subjetivas; son las cosas que tanto buscan los científicos; observables, objetivas, encontradas. La cosa en tanto se ve, es: cosa/relación/cosa.


La aventura de la palabra: sobre el poder que tiene más allá de lo que nombra

Como vimos en las observaciones hechas por Candelero, el sujeto “gira en torno a” la palabra, a ese signo lingüístico que posibilita la comprensión, la enseñanza, el aprendizaje, el entendimiento, posibilita que seamos parte de algo, de algún momento y en algún lugar, de esa historia que es una serie de hechos, los cuales han sido contados, haciendo uso de las palabras.

De ahí, la fuerza que tiene la palabra, el poder, ya sea esta oral o escrita, de producir en el otro (sujeto-receptor) la posibilidad de pensar, comprender, argumentar, opinar, defender, cambiar de parecer, ofender, etc., sobre algún planteamiento o tipo de enunciado. Para Austin, la palabra tiene poder, tiene valor, él hace énfasis en un dicho popular que dice “la palabra empeña”.[27]

Al emitir un enunciado (oral o escrito) nuestras palabras alcanzan una fuerza que tienen el poder de destruir o enaltecer a alguien, inclusive. Al leer una obra literaria, por ejemplo, la visión del mundo se nos puede transformar por completo; casos como amar un país por la lectura de “Cien años de Soledad” de García Márquez, tener una filosofía de vida un tanto existencial y a la vez fortalecedora al leer la obra de Albert Camus, cambiar un paradigma dogmático con la lectura de textos como el de John Searle y Steven Pinker sobre “El misterio de la conciencia”, ver otras realidades, inclusive desde la lectura de contextos, etc.; por supuesto, son algunos ejemplos, de los tantos que se podrían mencionar para describir cómo puede “un enunciado”  (o la palabra propiamente dicha) cambiar por completo nuestras historias de vida.

Es precisamente sobre este último aspecto que cabe el ejemplo traído a continuación, el cual fue extraído de una noticia, que ha hecho revuelo en los diferentes medios de comunicación, cita textual:
            “Colombiano irá 18 meses a la cárcel por opinar en Internet”
Se le acusó de injuria agravada y la Corte Suprema de aquel país rechazó un recurso de apelación.
Desde Colombia llega una noticia preocupante para la libertad de expresión en Internet. Gonzalo Hernán López ha sido condenado a poco más de 18 meses de prisión acusado del delito de injuria agravada en contra de la directora de la Federación Nacional de Departamentos de ese país, Gloria Escalante.
La sentencia fue impuesta en febrero de este año. Sin embargo, el acusado interpuso un recurso de apelación ante la Corte Suprema de Colombia, que decidió no admitir la demanda, con lo que el fallo de febrero se mantiene vigente. La historia se originó en noviembre de 2008, cuando Hernán utilizó la sección de comentarios de una nota publicada en el sitio del diario El País para expresar su rechazo en contra de Escalante:
“Y CON SEMEJANTE RATA COMO ES ESCALANTE QUE HASTA DEL CLUB COLOMBIA Y COMFENALCO LA HAN ECHADO POR MALOS MANEJOS QUE SE PUEDE ESPERAR... EL LADRÓN DESCUBRIENDO LADRONES? BAH!”

Según la noticia[28], la Corte Suprema de Justicia, argumenta que dicho enunciado no es una opinión, sino una calumnia, más allá de eso, en este texto no interesa analizar si dicho suceso es justo o no, aunque se presta para el debate, sino más bien analizar, desde una postura crítica y tomando como apoyo la teoría, la importancia que tienen los enunciados puestos en contexto, el poder que tienen las palabras cuando salen de nuestros pensamientos, de ahí su carácter aventurero, nunca se sabe cómo llegarán estas palabras a los receptores y las consecuencias que puedan surgir.

En Austin, se explica cómo el decir algo, lleva intrínsecamente a la acción. Un discurso se comprende de tres dimensiones: los actos locucionarios, que tienen que ver con las palabras propiamente dichas, este es el acto de decir algo, los actos ilocucionarios, son el significado de lo dicho, la fuerza o intención y los actos perlocucionarios, son las consecuencias del acto de lo dicho. Todos estos actos de habla, tendrían que ver con la palabra representativa que describe Candelero en su texto sobre la palabra; pues como ya se mencionó, esta habla más por nosotros, que de nosotros, podemos hacer uso de ella, controlarla, evitarla, pensarla, antes de producirla, en esta medida, quien declara u opina en el diario (Gonzalo Hernán López, el acusado) dijo algo pero lo que dijo fue mucho más de lo que sus palabras escribieron, se aventuró a opinar sobre un tema, sin saber cuáles serían las consecuencias de sus palabras.

Así en la noticia citada, el “hablante” da, a su manera de creer, una opinión, la ilocución de lo dicho, tiene que ver con el carácter de afirmar algo que da por hecho, teniendo en cuenta que no sólo imparte una opinión, sino que a su vez hace mención de dos entidades con las cuales la persona de la quien habla tuvo relación,  por lo que se deduce la fuerza de su enunciado, su intención comunicativa sería claramente la de acusar, nunca la de ser acusado, como ocurrió en este caso, todo porque su perlocución causó un efecto fuerte, a lo cual se le acusa, no de opinar, sino de calumniar…, su acto produjo unas consecuencias, que sin duda, cambiaron el rumbo de su historia, sus palabras dijeron mucho más allá de lo que en sí nombraba.

En términos teóricos se “logró” la comprensión del significado, que para Austin,[29] siempre es necesario que las circunstancias en que las palabras se expresan sean apropiadas, de alguna manera. A su vez, es importante que tanto quien habla como quien  escucha (emisor-receptor) (en este caso, escribe y lee) posea determinadas habilidades “físicas” o “mentales”, para que haya una comprensión. También en el texto de Candelero se resalta este aspecto, el código lingüístico debe ser el mismo de quien lo emite, como de quien lo recibe, esta sería una condición mínima para que las palabras o el mensaje pueda ser comprendido.

Conclusión
En el presente escrito, se trató de sintetizar la información presentada en el texto base “Ciencia, arte y religión: observaciones filosóficas 2”” de Neldo Candelero, en el capítulo que tiene que ver con la palabra. Se hizo uso de las citas textuales y parafraseadas que en su momento fueron el soporte a la reflexión implícita pero explícita propuesta en el inicio del texto, lo que tiene que ver con LA PALABRA, con su fuerza, su poder, su carácter aventurero, lo que nos dice aún cuando callamos.

El ejemplo presentado, sirvió de apoyo para sustentar la idea principal, que fue “inspirada” por un apartado del texto base que menciona como hablar es descubrir, hablar es una aventura y es precisamente sobre esta aventura, sobre lo incierto, que el ejemplo sirve de apoyo, pues hay un emisor que no imaginó que por dar una opinión, fuera a ser acusado por calumnia; la palabra es transformadora, es energía cargada de significado, un significado que nos lo otorga, el lenguaje y el pensamiento.
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Bibliografía
  • Austin, J. 1962. Cómo hacer cosas con palabras. Buenos Aires: Paidós, 1971. Conf. 1 y  9.
  • Austin, J. 1961. “Emisiones realizativas” en Valdés Villanueva (comp.) op. cit.
  • Bajtín M.M. 1982. El problema de los géneros discursivos. En: Estética de la creación verbal. México, siglo XXI editores, S.A.
  • Candelero, Neldo. “Ciencia, Arte y Religión: observaciones filosóficas 2”. Editorial ciudad Gótica. 2014
  • Hualde, José Ignacio y otros. “De la gramática tradicional a la lingüística moderna. En: Introducción a la lingüística hispánica”. Segunda edición. Cambridge University Press.
  • www.fayerwayer.com/2014/07/colombiano-ira-18-meses-a-la-carcel-por-opinar-en-internet



[1] Licenciada en educación, lengua y literatura, magister en formación en teoría lingüística y adquisición del lenguaje y en educación universitaria. Universidad Nacional de Rosario. (Santa fe, Argentina)
[2] Bajtín M.M. “El problema de los géneros discursivos. En: Estética de la creación verbal”. México, siglo XXI editores, S.A,  1982, p. 256
[3] Hualde, José Ignacio y otros. “De la gramática tradicional a la lingüística moderna. En: Introducción a la lingüística hispánica”. Segunda edición. Cambridge University Press.
[4] Candelero, Neldo. “Ciencia, Arte y Religión: observaciones filosóficas 2”. Editorial ciudad Gótica. 2014, pág. 40
[5] Ídem
[6] Ídem, pág. 44
[7] Ídem
[8] Ídem, pág. 42
[9] Ídem, pág. 47
[10] A esta forma de representar el lenguaje o mejor dicho, a esta manera de representar la palabra, volveremos más adelante para hacer una comparación teórica sobre la palabra según Austin, necesaria para “defender” el postulado sobre la aventura de la palabra.
[11] Candelero, Neldo. “Ciencia, Arte y Religión: observaciones filosóficas 2”. Editorial ciudad Gótica. 2014, pág. 50
[12] A manera de reflexión,  dado que en Occidente, la cultura está permeada por lo visual, surgen inquietudes con respecto a este apartado, pues si lo visual nos hace sujetos… ¿qué ha pasado con Occidente para llevar al hombre a ser un autómata o humanoide?, ¿no es acaso esta característica lo que nos hace serlo? Estoy dando cuenta del acuerdo que tengo con el autor cuando sostiene que ser sujeto es no perderse a sí mismo y por esta condición somos humanoides, sin embargo, me inquieta que sea lo visual precisamente lo que nos haría ser más sujetos, es claro que vivimos en la cultura de la imagen quizá más que de las palabras y pareciera, en ocasiones, que ellas estuviesen sólo para nombrar las imágenes. Claro es que esta es una discusión filosófica que no viene al caso en este tema, pues al desarrollarla se puede perder el sentido de este escrito, por eso lo cito a modo de reflexión que surgió en el momento de la lectura.
[13] Candelero, Neldo. “Ciencia, Arte y Religión: observaciones filosóficas 2”. Editorial ciudad Gótica. 2014, pág 55
[14] Ídem, pág. 65
[15] Ídem, pág. 62
[16] Ídem, pág. 63
[17] Ídem. Pág. 68
[18] Ídem, pág. 72
[19] Ídem, pág. 79
[20] Ídem, pág. 80
[21] Ídem, pág. 84
[22] Ídem, pág. 86
[23] Ídem, pág. 87
[24] Ídem, pág. 96
[25] Ídem, pág. 98
[26] Ídem, pág. 100
[27] Austin, J. 1961. “Emisiones realizativas” en Valdés Villanueva (comp.) op. cit.
[28] Tomado de: http://www.fayerwayer.com/2014/07/colombiano-ira-18-meses-a-la-carcel-por-opinar-en-internet/
[29] Austin, J. 1962. Cómo hacer cosas con palabras. Buenos Aires: Paidós, 1971. Conf. 1., pág 8