"Aquel que conoce el poder de la palabra presta mucha atención a su conversación. Vigila las reacciones cusadas por sus palabras, pues sabe que ella nos retornarán al mismo punto sin haber causado un efecto" Florence Scovel Shinn
"No estamos a cargo de todo lo que informamos". Candelero
Palabras claves: lenguaje, palabra, lengua, sujeto, subjetividad, cultura
"No estamos a cargo de todo lo que informamos". Candelero
Palabras claves: lenguaje, palabra, lengua, sujeto, subjetividad, cultura
Resumen
El presente texto es un análisis reflexivo sobre el poder que tiene la palabra en uso, su carácter aventurero y transformador de realidades. En la primera parte, se hará una breve contextualización al tema, partiendo desde el lenguaje
para llegar al campo de lo epistemológico, usando la teoría de apoyo, los
conocimientos previos y algunas fuentes externas a manera de monografía.
Posterior a ello, se hará énfasis en la sustentación argumentativa de
determinar la importancia que la palabra tiene en la subjetividad, en tanto que
es transformadora de realidades, a partir del análisis crítico de una noticia
que ha tenido revuelo en Colombia. Finalmente, se hace una conclusión que marca
hincapié en cómo la palabra puede transformar una realidad, de ahí su carácter
aventurero.
Contextualización
Abordar
el lenguaje desde una posición epistemológica tiene su importancia dado el
hecho de que es precisamente pensar el lenguaje -sus hechos, construcciones,
relaciones con el pensamiento, el cerebro, lo socio-cultural, etc.,- lo que nos
lleva a estudiarlo de manera más profunda.
El
lenguaje tiene una íntima relación con el sujeto, lo cual se evidencia en la
importancia y la necesidad de comunicarse que surge entre éstos; si entendemos
que éste no hace referencia únicamente al habla, a la lengua y su uso. En sí, éstas nacen del lenguaje mismo, “el lenguaje se deduce de la necesidad del
hombre de expresarse y objetivarse a sí mismo”;[2] en otras palabras, el lenguaje es la piel del
alma.
Desde
un paradigma chomskiano generativista el lenguaje constituye una ventana que
posibilita describir la estructura de la mente humana[3].
Para los post-positivistas. La realidad puede ser captada, a través de la mente
y puede ser representada como es, hay permanencia de la mente por la captación
del lenguaje; por tanto, el pensamiento se encuentra entre la realidad y el
lenguaje.
Chomsky
afirma que el lenguaje está antes que el pensamiento y plantea que el idioma
influye o determina la capacidad mental. La "gramática generativa"
hace suponer que el pensamiento se desarrolla como consecuencia del desarrollo
idiomático. Por lo tanto, si se considera que el lenguaje es un estado interior
del cerebro del hablante, independiente de otros elementos adquiridos del
entorno social, entonces es fácil suponer que primero está el lenguaje y
después el pensamiento; aún más, si se parte del criterio de que el
lenguaje acelera nuestra actividad teórica, intelectual y nuestras funciones
psíquicas superiores tales como la percepción, la memoria y el pensamiento.
Si
pensamos al hombre como producto social en su quehacer intelectual y no
únicamente como ser vivo, entonces debemos ver al mismo, como sujeto que tiene
un lenguaje intrínseco el cual se lleva a cabo a través del pensamiento.
Pensar
es en sí poder llevar el lenguaje a la acción, a la palabra, a la
representación, a lo que se imprime, se opina, se cambia…, son todas estas
relaciones entre lenguaje y pensamiento las que hacen posible dejar de ver al
hombre como un ser vivo para ser visto como un sujeto cultural y social.
De
esta manera, cabe preguntarnos ¿en qué medida hacemos uso de la palabra en la
comunicación -oral o escrita- para producir un efecto en el receptor? ésto,
puesto que le damos a nuestros discursos ciertos “tonos” que sirven para
orientar al receptor sobre el sentido del mismo (intención comunicativa),
posibilitando que éste, interprete de manera acertada, el enunciado.
Teorización
En
la primera parte del texto “Ciencia, arte y religión: observaciones
filosóficas” del Dr. Neldo Candelero, el autor hace referencia a “La Palabra” y
realiza unas observaciones en relación a esta. Aquí se tratará de hacer un
análisis expositivo, pero a la vez argumentativo, en busca de “defender” el
valor que tiene la palabra, su poder, en tanto lenguaje “puesto en escena” que
posibilita una comunicación, eficaz o no, entre los usuarios de la misma.
La
palabra es una aventura porque jamás se sabe -una vez pronunciada- qué efecto
pueda producir en un interlocutor. Dependemos de ella, es la fuerza que mueve
al universo y es quizá nuestra mejor aliada o nuestra peor enemiga, porque en
realidad “no estamos a cargo de todo lo que informamos”.[4]
Varios
autores, entre ellos Popper, Bühler y Lorenz, sostienen que hay tres tipos de
palabra: la expresiva, la apelativa y la representativa, y según Lorenz es la
palabra representativa la más humana, debido a su uso. Las otras dos, son
variables para los animales.
La
palabra es toda obra de un cuerpo que anuncia, aunque aún no enuncie. Como
expresión es como un gesto, un suspiro, un brillo en los ojos, es corpórea,
porque viene de aquello que callamos; esta “emerge, surge, sale: es nuestro
cuerpo en su modo de ser: emergencia, surgencia, salida. Siempre ya
comunicamos. Decir o no decir, es un modo de estar “hablando”.[5]
La palabra como expresión, aparece inequívoca, habla de nosotros: un perro
mueve su cola en señal de felicidad, esta característica la hace natural y por
lo mismo, gestual.
La
palabra apelativa, es obra de una subjetividad. Es toda una acción construida,
es ocasional, una construcción subjetiva.[6]
Es en sí, una convención social; es decir, es una acción que propone y como
propuesta social, se ha aprendido. Por tanto, es artificial y social, porque ha
sido elaborada para, de alguna manera, encontrar una forma clara de
comunicación.
Se
puede decir que esta surge si hay otro que puede “saberla”, entenderla, de ahí
su carácter social; no sólo surgirá si hay otro que puede saberla sino al modo
en que otro puede saberla[7],
por ejemplo, un lingüista hablando sobre gramática, “dejará salir” sus
palabras, de acuerdo a quiénes le estén escuchando, no será lo mismo hablar
para otros lingüistas que hablar para personas que apenas están aprendiendo
sobre gramática o para personas del “común”, personas que hacen lenguaje pero
no entienden sobre él.
Por
su parte, la palabra representativa, habla más por nosotros, que de nosotros[8];
podemos tener “control” de ella, evitarla, pensarla, antes de ser pronunciada; por tanto, nunca la representación es lo representado, en términos de Candelero; para el autor cada cosa es mucho más de lo que dice el término que lo
describe. De alguna manera es un pensamiento muy saussureano sobre el
lenguaje, más específicamente sobre el signo lingüístico, su arbitrariedad,
sobre la gran distancia y diferencia de sentido que hay entre lo dicho y el
signo que lo representa. Hablamos en signos sobre los signos, no en signos
sobre las cosas[9].
Nacemos
en un mundo de signos, pre-existen antes que nosotros, pertenecemos a ellos más
que a la inversa. El signo representativo, es un signo que se construye sobre
otros signos, se sabe de nosotros por nuestra obra, por ello sabemos de
nosotros y de los demás[10].
Para
el autor, existen otras formas de palabras, y si bien no son construcciones
sintácticas, son representaciones de algo que hay que decir, veamos:
ü El
grito: es palabra expresiva, en tanto gesto, si bien todavía no es pensar, pues
el grito no es objetivo, es como si despertara el lenguaje de las palabras, así
como el trueno comienza la lluvia.[11]
Pensar es de alguna manera el destino del hombre; en palabras de Ponty, el
grito no carga sentido y, por consecuencia, no se recibe puramente, no “viene
dado” sino que es recogido por un acto del espectador.
Se da a entender que lo visual predomina
sobre lo táctil, por lo menos para los occidentales. En la percepción visual,
el hombre se entiende como sujeto y ser sujeto es nunca perderse a sí mismo,
contrario a esto, el hombre no lo es tal, o lo es pero “discapacitado”, no como
humano sino como humanoide, es un autómata[12].
Por ello, la percepción visual garantiza
la subjetividad, la imagen habla por la cosa, no es ella misma, pero sí la
representa, en tanto convención social de un signo que representa. Para Occidente
prima la imagen y de no ser así, Occidente tendría otras ideas.
El grito, puede contactar y a su vez,
conducir, no es posible de infinitas interpretaciones, estas surgen cuando el
hombre está a distancia: esto es, cuando el hombre logra ser sujeto del mundo.[13]
ü La
oración: es expresión, no diálogo, es biológica, signo sin saber, grito
desnudo; es un ser fuera de sí y del mundo, esperando adopción.[14]
En este apartado, el autor indaga sobre si la oración es palabra expresiva o
apelativa, deja claro que no hablará o desarrollará el tema porque para ello
hay textos que profundizan en él, sin embargo sugiere, y escribe sobre el biólogo, K. Lorenz, citando su libro “Hablando con las bestias, los peces y los
pájaros” y como puede de alguna manera, describir su relación con la vida,
su infancia rodeada de vida silvestre y también su adultez, la vida hay que
observarla, pues en ella, del no ser al ser, se pasa en proceso.[15]
Algo así como el conocimiento, es un proceso, aprender es algo que se va
“ganando” paso a paso.
Y así como el proceso vital que tiene un
animal que surge, que se “integra” en una sociedad, de igual forma el humano,
quien también es social y los seres sociales, no sobreviven sin los otros, no
pueden ser solos, nada son sin esos socios que le mantienen en el ser de esta
vida. Los hombres necesitamos de al menos otro y ese otro debe ser de carne y
hueso, y distinto, y mayor, y mejor que yo.[16]
La oración es una composición, una
producción, cabe resaltar que las obras
de arte hoy parecen ser documentos testimoniales del no saber ni pensar nada:
garabatos; hoy cumplir equivale o se interpreta como copiar, y ello no es ni
deseable, ni conveniente, ni valioso.[17]
Retomando
a Candelero en su texto, veamos las demás observaciones que hace en la primera
parte de su libro sobre la palabra:
La palabra y los hechos
La
palabra denota los hechos, en la palabra, el hecho es algo. El hombre vive en
un mundo local y escrito, es el pasado mismo. Para saber de un suceso, de un
hecho, lo sabemos a través de palabras, esos signos que las conforman, de lo
contrario no “existirían” los hechos, no se sabría de ellos. Sabemos de la
historia porque está escrita con signos verbales, con palabras, por eso, “saber
es siempre, saber una parte”[18]
Ciencia y mythos
La
palabra denota, aunque antes instaure.
Los hechos son siempre ya en palabra, por eso, la ciencia hace uso de ella, la
palabra, para hablar de los hechos, aunque muchos de estos hechos, sean mitos
instaurados, a través de textos que nos cuentan, el origen del universo, por
ejemplo.
El signo y lo real
Real
es lo que (exista o no, observable o no) importa, vale, rige, impera, manda,
para una comunidad de usuarios, al interior de un contexto determinado; es todo
aquello a lo que consideramos o creamos real; es “todo aquello que es y se
encuentra en signo”[19].
Aquí, el autor sostiene que todo lo que se nombra, desde el signo es real, así
esto sea una entidad sensible, imaginaria, un ser divino, entidades teóricas…,
pues todas estas entidades viven y se encuentran en signos, ya sean verbales,
símbolos, signos pictóricos, etc. Podría decirse entonces que la palabra, a
través del signo, hace que las cosas tengan sentido, se hacen reales porque son
nombradas, son subjetivadas.
A lo
real se le opone lo irreal, pero Candelero sostiene que “entre lo real e irreal
no hay diferencia por salto, no hay heterogeneidad, sino gradualidad”[20].
Deja de ser real lo que no “existe” como un hecho, a pesar de que el hombre
mismo, vive por fuera de los hechos.
Las lenguas
Los
signos viven en la palabra (y en otros signos) el hombre habita sensiblemente
sus obras, sus signos: signos lingüísticos, que constituyen redes singulares:
lenguas, cada lengua es un modo de percibir el mundo. Es por la lengua que se
“pertenece” a un pueblo, y no se habla del idioma, sino de las particularidades
de esa lengua que se usa.
Candelero sostiene que soy griega, por ejemplo, si hablo griego, si percibo, siento, pienso en griego, pues estoy ejerciendo su lengua. No obstante, esta afirmación da para pensar en si una obra literaria, por ejemplo, es argentina porque se escribe sobre Argentina, así quien la escriba sea un extranjero, o lo es porque la escribe un Argentino, así éste en su obra no mencione ningún aspecto de su tierra (lo que sería muy inusual).
Sin
lengua un pueblo pierde su identidad, sus valores, sus tradiciones…, “caduca lo
divino mismo –los dioses (como los hechos) demoran su brevedad en la lengua y
se encuentran por entre medio de ella, y si ésta desaparece…, no hay entonces
quien los indique, sostenga, recuerde, despeje. Perdida la lengua desaparece el
pueblo,”[21]
aunque no biológicamente hablando, pero sí el modo de ser, pues vivimos a
través de las palabras, palabras como signos, la palabra tiene el poder de
llevarnos a un lugar, a un momento, a un recuerdo, a una situación y como lo
sostiene el autor…, “entre los poderes de la palabra está el de traer al
presente, el de instaurar, aunque también el de indicar, señalar”.[22]
Para
Occidente, la palabra es el lugar del sentido, lo que “opera” en lo real, sólo
somos, a través de la palabra, el signo todo lo ocupa, nos urge tanto la
palabra que le huimos al silencio, escribimos, leemos, escuchamos, hablamos,
siempre estamos en palabras, “para nosotros, es evidente, que el signo es todo
lo que hay”[23]
Aún
así, es necesario acercarse a ella, las palabras no nos pertenecen, sólo nos
sirven para determinadas cosas, comunicarnos, expresarnos, darnos a conocer,
etc., son un camino o puente que nos permite nombrar la realidad y a su vez, la
manera de percibirla.
La comprensión verbal
Parece
ser un acto directo y propio. Para Merlau Ponty, no se piensa en ideas, se
piensa en palabras. En la comprensión verbal hay un trabajo del pensamiento, y
comprendemos y damos cuenta de ello, es a través de la palabra. Cuando el
pensamiento nos envía esa “palabra adecuada” que no es más que la palabra que
describe lo que en el momento pensamos.
“No
hay significado previo ni libre de la palabra, ni para el donante ni para el
receptor”[24],
es así como cuando un sujeto habla, tanto quien lo hace como quien lo escucha
comprenden lo dicho, todo ello en el mismo sentido en relación con esa palabra.
Quizá, sea por eso que es tan difícil hacerse entender cuando ni yo mismo sé
cómo explicarme.
Ahora
bien, para que haya una comprensión verbal, a través de la palabra, es “claro”
que se debe hablar en la misma lengua, esa lengua común, aquella que no es
exterior ni extraña, tanto para el emisor como para el receptor. “Hablar una
lengua es, naturalmente, hablar en sus términos”.[25]
Es por eso que entendemos a otro, porque ambos estamos, pertenecemos al mismo
mundo sígnico (la lengua).
La
aventura de la palabra es ese juego, ese riesgo, ese salto al vacío en donde “si hay otro que entiende, es porque él mismo
puede hablar -recorrer sentidos ajenos. La posibilidad de entender al otro
radica en la posibilidad de hacer lo que el otro hace –decir lo que otro dice
–de transitar por donde el otro va. Quien habla –es una posibilidad: es lo que
puede hacer un maestro o docente –puede llevar al otro a saber de lo que él ya
ha encontrado: siendo así, hablar es conducir, es inducir. Quien habla –es otra
posibilidad – puede llevar al otro y llevarse a saber lo hasta entonces no
sabido. (El aprendiz también lleva al maestro). Siendo así: hablar es
descubrir…, hablar es aventura”.[26]
ü Alumno
y maestro: cuando un sujeto habla entienden el parlante y el oyente por algo en
común: la palabra. En esta relación
que se da de maestro/alumno, la comprensión es clave, de lo contrario se pueden
presentar diferentes situaciones; o el alumno no entiende y por ello se siente
inepto o da cuenta de que su maestro sabe, pero no sabe explicar, siendo así,
existiría un desencuentro entre ambos.
El alumno “necesita” saciar ese
pensamiento, que el maestro despliegue su conocimiento, principalmente los cómo (razones y causas) de lo que explica, lo que
sugiere que ser maestro incluye el ser alumno, el buen docente debe ser un buen
aprendiz y en esta dualidad, lo que se da entre alumno y maestro, es frecuente
que sea el maestro quien más aprende.
ü Cosas,
causas, razones: las razones teóricas buscan causas concretas. Las causas son
objetivas no subjetivas; son las cosas que tanto buscan los científicos;
observables, objetivas, encontradas. La cosa en tanto se ve, es:
cosa/relación/cosa.
La aventura de la palabra: sobre el poder que tiene más allá de lo que
nombra
Como
vimos en las observaciones hechas por Candelero, el sujeto “gira en torno a” la
palabra, a ese signo lingüístico que posibilita la comprensión, la enseñanza,
el aprendizaje, el entendimiento, posibilita que seamos parte de algo, de algún
momento y en algún lugar, de esa historia que es una serie de hechos, los
cuales han sido contados, haciendo uso de las palabras.
De
ahí, la fuerza que tiene la palabra, el poder, ya sea esta oral o escrita, de
producir en el otro (sujeto-receptor) la posibilidad de pensar, comprender,
argumentar, opinar, defender, cambiar de parecer, ofender, etc., sobre algún
planteamiento o tipo de enunciado. Para Austin, la palabra tiene poder, tiene
valor, él hace énfasis en un dicho popular que dice “la palabra empeña”.[27]
Al
emitir un enunciado (oral o escrito) nuestras palabras alcanzan una fuerza que
tienen el poder de destruir o enaltecer a alguien, inclusive. Al leer una obra
literaria, por ejemplo, la visión del mundo se nos puede transformar por
completo; casos como amar un país por la lectura de “Cien años de Soledad” de
García Márquez, tener una filosofía de vida un tanto existencial y a la vez
fortalecedora al leer la obra de Albert Camus, cambiar un paradigma dogmático
con la lectura de textos como el de John Searle y Steven Pinker sobre “El
misterio de la conciencia”, ver otras realidades, inclusive desde la lectura de
contextos, etc.; por supuesto, son algunos ejemplos, de los tantos que se
podrían mencionar para describir cómo puede “un enunciado” (o la palabra propiamente dicha) cambiar por
completo nuestras historias de vida.
Es
precisamente sobre este último aspecto que cabe el ejemplo traído a
continuación, el cual fue extraído de una noticia, que ha hecho revuelo en los
diferentes medios de comunicación, cita textual:
“Colombiano irá 18 meses a la cárcel por
opinar en Internet”
Se le acusó de injuria agravada y la
Corte Suprema de aquel país rechazó un recurso de apelación.
Desde Colombia llega una noticia
preocupante para la libertad de expresión en Internet. Gonzalo Hernán López ha
sido condenado a poco más de 18 meses de prisión acusado del delito de injuria
agravada en contra de la directora de la Federación Nacional de Departamentos
de ese país, Gloria Escalante.
La sentencia fue impuesta en febrero de
este año. Sin embargo, el acusado interpuso un recurso de apelación ante la
Corte Suprema de Colombia, que decidió no admitir la demanda, con lo que el fallo
de febrero se mantiene vigente. La historia se originó en noviembre de 2008,
cuando Hernán utilizó la sección de comentarios de una nota publicada en el
sitio del diario El País para expresar su rechazo en contra de Escalante:
“Y
CON SEMEJANTE RATA COMO ES ESCALANTE QUE HASTA DEL CLUB COLOMBIA Y COMFENALCO
LA HAN ECHADO POR MALOS MANEJOS QUE SE PUEDE ESPERAR... EL LADRÓN DESCUBRIENDO
LADRONES? BAH!”
Según la noticia[28], la Corte Suprema de Justicia, argumenta que
dicho enunciado no es una opinión, sino una calumnia, más allá de eso, en este
texto no interesa analizar si dicho suceso es justo o no, aunque se presta para
el debate, sino más bien analizar, desde una postura crítica y tomando como
apoyo la teoría, la importancia que tienen los enunciados puestos en contexto,
el poder que tienen las palabras cuando salen de nuestros pensamientos, de ahí
su carácter aventurero, nunca se sabe cómo llegarán estas palabras a los
receptores y las consecuencias que puedan surgir.
En
Austin, se explica cómo el decir algo, lleva intrínsecamente a la acción. Un
discurso se comprende de tres dimensiones: los actos locucionarios, que tienen
que ver con las palabras propiamente dichas, este es el acto de decir algo, los
actos ilocucionarios, son el significado de lo dicho, la fuerza o intención y
los actos perlocucionarios, son las consecuencias del acto de lo dicho. Todos
estos actos de habla, tendrían que ver con la palabra representativa que
describe Candelero en su texto sobre la palabra; pues como ya se mencionó, esta
habla más por nosotros, que de nosotros, podemos hacer uso de ella,
controlarla, evitarla, pensarla, antes de producirla, en esta medida, quien
declara u opina en el diario (Gonzalo Hernán López, el acusado) dijo algo pero
lo que dijo fue mucho más de lo que sus palabras escribieron, se aventuró a
opinar sobre un tema, sin saber cuáles serían las consecuencias de sus
palabras.
Así
en la noticia citada, el “hablante” da, a su manera de creer, una opinión, la
ilocución de lo dicho, tiene que ver con el carácter de afirmar algo que da por
hecho, teniendo en cuenta que no sólo imparte una opinión, sino que a su vez
hace mención de dos entidades con las cuales la persona de la quien habla tuvo
relación, por lo que se deduce la fuerza
de su enunciado, su intención comunicativa sería claramente la de acusar, nunca
la de ser acusado, como ocurrió en este caso, todo porque su perlocución causó
un efecto fuerte, a lo cual se le acusa, no de opinar, sino de calumniar…, su
acto produjo unas consecuencias, que sin duda, cambiaron el rumbo de su
historia, sus palabras dijeron mucho más allá de lo que en sí nombraba.
En
términos teóricos se “logró” la comprensión del significado, que para Austin,[29]
siempre es necesario que las circunstancias en que las palabras se expresan
sean apropiadas, de alguna manera. A su vez, es importante que tanto quien
habla como quien escucha
(emisor-receptor) (en este caso, escribe y lee) posea determinadas habilidades
“físicas” o “mentales”, para que haya una comprensión. También en el texto de
Candelero se resalta este aspecto, el código lingüístico debe ser el mismo de
quien lo emite, como de quien lo recibe, esta sería una condición mínima para
que las palabras o el mensaje pueda ser comprendido.
Conclusión
En
el presente escrito, se trató de sintetizar la información presentada en el
texto base “Ciencia, arte y religión: observaciones
filosóficas 2”” de Neldo Candelero, en el capítulo que tiene que ver con la
palabra. Se hizo uso de las citas textuales y parafraseadas que en su momento
fueron el soporte a la reflexión implícita pero explícita propuesta en el
inicio del texto, lo que tiene que ver con LA PALABRA, con su fuerza, su poder,
su carácter aventurero, lo que nos dice aún cuando callamos.
El
ejemplo presentado, sirvió de apoyo para sustentar la idea principal, que fue
“inspirada” por un apartado del texto base que menciona como hablar es
descubrir, hablar es una aventura y es precisamente sobre esta aventura, sobre
lo incierto, que el ejemplo sirve de apoyo, pues hay un emisor que no imaginó
que por dar una opinión, fuera a ser acusado por calumnia; la palabra es
transformadora, es energía cargada de significado, un significado que nos lo
otorga, el lenguaje y el pensamiento.
.
Bibliografía
- Austin, J. 1962. Cómo hacer cosas con
palabras. Buenos Aires: Paidós, 1971. Conf. 1 y 9.
- Austin, J. 1961. “Emisiones
realizativas” en Valdés Villanueva (comp.) op. cit.
- Bajtín M.M. 1982. El problema de los géneros discursivos. En: Estética de la creación verbal.
México, siglo XXI editores, S.A.
- Candelero, Neldo. “Ciencia, Arte y
Religión: observaciones filosóficas 2”. Editorial ciudad Gótica. 2014
- Hualde, José Ignacio y otros. “De la gramática tradicional a la lingüística
moderna. En: Introducción a la lingüística hispánica”. Segunda
edición. Cambridge University Press.
- www.fayerwayer.com/2014/07/colombiano-ira-18-meses-a-la-carcel-por-opinar-en-internet
[1] Licenciada en educación, lengua y literatura, magister en formación en teoría lingüística y adquisición del lenguaje y en educación universitaria. Universidad Nacional de Rosario. (Santa fe, Argentina)
[2]
Bajtín M.M. “El problema de los géneros
discursivos. En: Estética de la creación verbal”. México, siglo XXI
editores, S.A, 1982, p. 256
[3]
Hualde, José Ignacio y otros. “De la gramática tradicional a la lingüística
moderna. En: Introducción a la lingüística hispánica”. Segunda edición.
Cambridge University Press.
[4]
Candelero, Neldo. “Ciencia, Arte y
Religión: observaciones filosóficas 2”. Editorial ciudad Gótica. 2014, pág.
40
[5]
Ídem
[6]
Ídem, pág. 44
[7]
Ídem
[8]
Ídem, pág. 42
[9]
Ídem, pág. 47
[10]
A esta forma de representar el lenguaje o mejor dicho, a esta manera de
representar la palabra, volveremos más adelante para hacer una comparación
teórica sobre la palabra según Austin, necesaria para “defender” el postulado
sobre la aventura de la palabra.
[11]
Candelero, Neldo. “Ciencia, Arte y
Religión: observaciones filosóficas 2”. Editorial ciudad Gótica. 2014, pág.
50
[12] A manera
de reflexión, dado que en Occidente, la
cultura está permeada por lo visual, surgen inquietudes con respecto a este
apartado, pues si lo visual nos hace sujetos… ¿qué ha pasado con Occidente para
llevar al hombre a ser un autómata o humanoide?, ¿no es acaso esta
característica lo que nos hace serlo? Estoy dando cuenta del acuerdo que tengo
con el autor cuando sostiene que ser sujeto es no perderse a sí mismo y por
esta condición somos humanoides, sin embargo, me inquieta que sea lo visual
precisamente lo que nos haría ser más sujetos, es claro que vivimos en la
cultura de la imagen quizá más que de las palabras y pareciera, en ocasiones,
que ellas estuviesen sólo para nombrar las imágenes. Claro es que esta es una
discusión filosófica que no viene al caso en este tema, pues al desarrollarla
se puede perder el sentido de este escrito, por eso lo cito a modo de reflexión
que surgió en el momento de la lectura.
[13]
Candelero, Neldo. “Ciencia, Arte y Religión:
observaciones filosóficas 2”. Editorial ciudad Gótica. 2014, pág 55
[14]
Ídem, pág. 65
[15]
Ídem, pág. 62
[16]
Ídem, pág. 63
[17]
Ídem. Pág. 68
[18]
Ídem, pág. 72
[19]
Ídem, pág. 79
[20]
Ídem, pág. 80
[21]
Ídem, pág. 84
[22]
Ídem, pág. 86
[23]
Ídem, pág. 87
[24]
Ídem, pág. 96
[25]
Ídem, pág. 98
[26]
Ídem, pág. 100
[27]
Austin, J. 1961. “Emisiones realizativas” en Valdés Villanueva (comp.) op. cit.
[28]
Tomado de: http://www.fayerwayer.com/2014/07/colombiano-ira-18-meses-a-la-carcel-por-opinar-en-internet/
[29]
Austin, J. 1962. Cómo hacer cosas con palabras. Buenos Aires: Paidós, 1971.
Conf. 1., pág 8
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