Epistemología del lenguaje

La aventura de la palabra
Por: Diana Osorio[1]


"Aquel que conoce el poder de la palabra presta mucha atención a su conversación. Vigila las reacciones cusadas por sus palabras, pues sabe que ella nos retornarán al mismo punto sin haber causado un efecto" Florence Scovel Shinn

"No estamos a cargo de todo lo que informamos". Candelero

Palabras claves: lenguaje, palabra, lengua, sujeto, subjetividad, cultura

Resumen
El presente texto es un análisis reflexivo sobre el poder que tiene la palabra en uso, su carácter aventurero y transformador de realidades. En la primera parte, se hará una breve contextualización al tema, partiendo desde el lenguaje para llegar al campo de lo epistemológico, usando la teoría de apoyo, los conocimientos previos y algunas fuentes externas a manera de monografía. Posterior a ello, se hará énfasis en la sustentación argumentativa de determinar la importancia que la palabra tiene en la subjetividad, en tanto que es transformadora de realidades, a partir del análisis crítico de una noticia que ha tenido revuelo en Colombia. Finalmente, se hace una conclusión que marca hincapié en cómo la palabra puede transformar una realidad, de ahí su carácter aventurero.

Contextualización
Abordar el lenguaje desde una posición epistemológica tiene su importancia dado el hecho de que es precisamente pensar el lenguaje -sus hechos, construcciones, relaciones con el pensamiento, el cerebro, lo socio-cultural, etc.,- lo que nos lleva a estudiarlo de manera más profunda.

El lenguaje tiene una íntima relación con el sujeto, lo cual se evidencia en la importancia y la necesidad de comunicarse que surge entre éstos; si entendemos que éste no hace referencia únicamente al habla, a la lengua y su uso. En sí, éstas nacen del lenguaje mismo, “el lenguaje se deduce de la necesidad del hombre de expresarse y objetivarse a sí mismo”;[2]  en otras palabras, el lenguaje es la piel del alma.

Desde un paradigma chomskiano generativista el lenguaje constituye una ventana que posibilita describir la estructura de la mente humana[3]. Para los post-positivistas. La realidad puede ser captada, a través de la mente y puede ser representada como es, hay permanencia de la mente por la captación del lenguaje; por tanto, el pensamiento se encuentra entre la realidad y el lenguaje.

Chomsky afirma que el lenguaje está antes que el pensamiento y plantea que el idioma influye o determina la capacidad mental. La "gramática generativa" hace suponer que el pensamiento se desarrolla como consecuencia del desarrollo idiomático. Por lo tanto, si se considera que el lenguaje es un estado interior del cerebro del hablante, independiente de otros elementos adquiridos del entorno social, entonces es fácil suponer que primero está el lenguaje y después el pensamiento; aún más, si se parte del criterio de que el lenguaje acelera nuestra actividad teórica, intelectual y nuestras funciones psíquicas superiores tales como la percepción, la memoria y el pensamiento.

Si pensamos al hombre como producto social en su quehacer intelectual y no únicamente como ser vivo, entonces debemos ver al mismo, como sujeto que tiene un lenguaje intrínseco el cual se lleva a cabo a través del pensamiento.

Pensar es en sí poder llevar el lenguaje a la acción, a la palabra, a la representación, a lo que se imprime, se opina, se cambia…, son todas estas relaciones entre lenguaje y pensamiento las que hacen posible dejar de ver al hombre como un ser vivo para ser visto como un sujeto cultural y social.

De esta manera, cabe preguntarnos ¿en qué medida hacemos uso de la palabra en la comunicación -oral o escrita- para producir un efecto en el receptor? ésto, puesto que le damos a nuestros discursos ciertos “tonos” que sirven para orientar al receptor sobre el sentido del mismo (intención comunicativa), posibilitando que éste, interprete de manera acertada, el enunciado.

Teorización
En la primera parte del texto “Ciencia, arte y religión: observaciones filosóficas” del Dr. Neldo Candelero, el autor hace referencia a “La Palabra” y realiza unas observaciones en relación a esta. Aquí se tratará de hacer un análisis expositivo, pero a la vez argumentativo, en busca de “defender” el valor que tiene la palabra, su poder, en tanto lenguaje “puesto en escena” que posibilita una comunicación, eficaz o no, entre los usuarios de la misma.

La palabra es una aventura porque jamás se sabe -una vez pronunciada- qué efecto pueda producir en un interlocutor. Dependemos de ella, es la fuerza que mueve al universo y es quizá nuestra mejor aliada o nuestra peor enemiga, porque en realidad “no estamos a cargo de todo lo que informamos”.[4]

Varios autores, entre ellos Popper, Bühler y Lorenz, sostienen que hay tres tipos de palabra: la expresiva, la apelativa y la representativa, y según Lorenz es la palabra representativa la más humana, debido a su uso. Las otras dos, son variables para los animales.

La palabra es toda obra de un cuerpo que anuncia, aunque aún no enuncie. Como expresión es como un gesto, un suspiro, un brillo en los ojos, es corpórea, porque viene de aquello que callamos; esta “emerge, surge, sale: es nuestro cuerpo en su modo de ser: emergencia, surgencia, salida. Siempre ya comunicamos. Decir o no decir, es un modo de estar “hablando”.[5] La palabra como expresión, aparece inequívoca, habla de nosotros: un perro mueve su cola en señal de felicidad, esta característica la hace natural y por lo mismo, gestual.

La palabra apelativa, es obra de una subjetividad. Es toda una acción construida, es ocasional, una construcción subjetiva.[6] Es en sí, una convención social; es decir, es una acción que propone y como propuesta social, se ha aprendido. Por tanto, es artificial y social, porque ha sido elaborada para, de alguna manera, encontrar una forma clara de comunicación.

Se puede decir que esta surge si hay otro que puede “saberla”, entenderla, de ahí su carácter social; no sólo surgirá si hay otro que puede saberla sino al modo en que otro puede saberla[7], por ejemplo, un lingüista hablando sobre gramática, “dejará salir” sus palabras, de acuerdo a quiénes le estén escuchando, no será lo mismo hablar para otros lingüistas que hablar para personas que apenas están aprendiendo sobre gramática o para personas del “común”, personas que hacen lenguaje pero no entienden sobre él.

Por su parte, la palabra representativa, habla más por nosotros, que de nosotros[8]; podemos tener “control” de ella, evitarla, pensarla, antes de ser pronunciada; por tanto, nunca la representación es lo representado, en términos de Candelero; para el autor cada cosa es mucho más de lo que dice el término que lo describe. De alguna manera es un pensamiento muy saussureano sobre el lenguaje, más específicamente sobre el signo lingüístico, su arbitrariedad, sobre la gran distancia y diferencia de sentido que hay entre lo dicho y el signo que lo representa. Hablamos en signos sobre los signos, no en signos sobre las cosas[9].

Nacemos en un mundo de signos, pre-existen antes que nosotros, pertenecemos a ellos más que a la inversa. El signo representativo, es un signo que se construye sobre otros signos, se sabe de nosotros por nuestra obra, por ello sabemos de nosotros y de los demás[10].

Para el autor, existen otras formas de palabras, y si bien no son construcciones sintácticas, son representaciones de algo que hay que decir, veamos:

ü  El grito: es palabra expresiva, en tanto gesto, si bien todavía no es pensar, pues el grito no es objetivo, es como si despertara el lenguaje de las palabras, así como el trueno comienza la lluvia.[11] Pensar es de alguna manera el destino del hombre; en palabras de Ponty, el grito no carga sentido y, por consecuencia, no se recibe puramente, no “viene dado” sino que es recogido por un acto del espectador.

Se da a entender que lo visual predomina sobre lo táctil, por lo menos para los occidentales. En la percepción visual, el hombre se entiende como sujeto y ser sujeto es nunca perderse a sí mismo, contrario a esto, el hombre no lo es tal, o lo es pero “discapacitado”, no como humano sino como humanoide, es un autómata[12].

Por ello, la percepción visual garantiza la subjetividad, la imagen habla por la cosa, no es ella misma, pero sí la representa, en tanto convención social de un signo que representa. Para Occidente prima la imagen y de no ser así, Occidente tendría otras ideas.

El grito, puede contactar y a su vez, conducir, no es posible de infinitas interpretaciones, estas surgen cuando el hombre está a distancia: esto es, cuando el hombre logra ser sujeto del mundo.[13]

ü  La oración: es expresión, no diálogo, es biológica, signo sin saber, grito desnudo; es un ser fuera de sí y del mundo, esperando adopción.[14] En este apartado, el autor indaga sobre si la oración es palabra expresiva o apelativa, deja claro que no hablará o desarrollará el tema porque para ello hay textos que profundizan en él, sin embargo sugiere, y escribe sobre el  biólogo, K. Lorenz, citando su libro “Hablando con las bestias, los peces y los pájaros” y como puede de alguna manera, describir su relación con la vida, su infancia rodeada de vida silvestre y también su adultez, la vida hay que observarla, pues en ella, del no ser al ser, se pasa en proceso.[15] Algo así como el conocimiento, es un proceso, aprender es algo que se va “ganando” paso a paso.

Y así como el proceso vital que tiene un animal que surge, que se “integra” en una sociedad, de igual forma el humano, quien también es social y los seres sociales, no sobreviven sin los otros, no pueden ser solos, nada son sin esos socios que le mantienen en el ser de esta vida. Los hombres necesitamos de al menos otro y ese otro debe ser de carne y hueso, y distinto, y mayor, y mejor que yo.[16]

La oración es una composición, una producción, cabe resaltar que  las obras de arte hoy parecen ser documentos testimoniales del no saber ni pensar nada: garabatos; hoy cumplir equivale o se interpreta como copiar, y ello no es ni deseable, ni conveniente, ni valioso.[17]

Retomando a Candelero en su texto, veamos las demás observaciones que hace en la primera parte de su libro sobre la palabra:

La palabra y los hechos
La palabra denota los hechos, en la palabra, el hecho es algo. El hombre vive en un mundo local y escrito, es el pasado mismo. Para saber de un suceso, de un hecho, lo sabemos a través de palabras, esos signos que las conforman, de lo contrario no “existirían” los hechos, no se sabría de ellos. Sabemos de la historia porque está escrita con signos verbales, con palabras, por eso, “saber es siempre, saber una parte”[18]

Ciencia y mythos
La palabra denota, aunque antes  instaure. Los hechos son siempre ya en palabra, por eso, la ciencia hace uso de ella, la palabra, para hablar de los hechos, aunque muchos de estos hechos, sean mitos instaurados, a través de textos que nos cuentan, el origen del universo, por ejemplo.

El signo y lo real
Real es lo que (exista o no, observable o no) importa, vale, rige, impera, manda, para una comunidad de usuarios, al interior de un contexto determinado; es todo aquello a lo que consideramos o creamos real; es “todo aquello que es y se encuentra en signo”[19]. Aquí, el autor sostiene que todo lo que se nombra, desde el signo es real, así esto sea una entidad sensible, imaginaria, un ser divino, entidades teóricas…, pues todas estas entidades viven y se encuentran en signos, ya sean verbales, símbolos, signos pictóricos, etc. Podría decirse entonces que la palabra, a través del signo, hace que las cosas tengan sentido, se hacen reales porque son nombradas, son subjetivadas.

A lo real se le opone lo irreal, pero Candelero sostiene que “entre lo real e irreal no hay diferencia por salto, no hay heterogeneidad, sino gradualidad”[20]. Deja de ser real lo que no “existe” como un hecho, a pesar de que el hombre mismo, vive por fuera de los hechos.

Las lenguas
Los signos viven en la palabra (y en otros signos) el hombre habita sensiblemente sus obras, sus signos: signos lingüísticos, que constituyen redes singulares: lenguas, cada lengua es un modo de percibir el mundo. Es por la lengua que se “pertenece” a un pueblo, y no se habla del idioma, sino de las particularidades de esa lengua que se usa.

Candelero sostiene que soy griega, por ejemplo, si hablo griego, si percibo, siento, pienso en griego, pues estoy ejerciendo su lengua. No obstante, esta afirmación da para pensar en si una obra literaria, por ejemplo, es argentina porque se escribe sobre Argentina, así quien la escriba sea un extranjero, o lo es porque la escribe un Argentino, así éste en su obra no mencione ningún aspecto de su tierra (lo que sería muy inusual).

Sin lengua un pueblo pierde su identidad, sus valores, sus tradiciones…, “caduca lo divino mismo –los dioses (como los hechos) demoran su brevedad en la lengua y se encuentran por entre medio de ella, y si ésta desaparece…, no hay entonces quien los indique, sostenga, recuerde, despeje. Perdida la lengua desaparece el pueblo,”[21] aunque no biológicamente hablando, pero sí el modo de ser, pues vivimos a través de las palabras, palabras como signos, la palabra tiene el poder de llevarnos a un lugar, a un momento, a un recuerdo, a una situación y como lo sostiene el autor…, “entre los poderes de la palabra está el de traer al presente, el de instaurar, aunque también el de indicar, señalar”.[22]

Para Occidente, la palabra es el lugar del sentido, lo que “opera” en lo real, sólo somos, a través de la palabra, el signo todo lo ocupa, nos urge tanto la palabra que le huimos al silencio, escribimos, leemos, escuchamos, hablamos, siempre estamos en palabras, “para nosotros, es evidente, que el signo es todo lo que hay”[23]

Aún así, es necesario acercarse a ella, las palabras no nos pertenecen, sólo nos sirven para determinadas cosas, comunicarnos, expresarnos, darnos a conocer, etc., son un camino o puente que nos permite nombrar la realidad y a su vez, la manera de percibirla.

La comprensión verbal
Parece ser un acto directo y propio. Para Merlau Ponty, no se piensa en ideas, se piensa en palabras. En la comprensión verbal hay un trabajo del pensamiento, y comprendemos y damos cuenta de ello, es a través de la palabra. Cuando el pensamiento nos envía esa “palabra adecuada” que no es más que la palabra que describe lo que en el momento pensamos.

“No hay significado previo ni libre de la palabra, ni para el donante ni para el receptor”[24], es así como cuando un sujeto habla, tanto quien lo hace como quien lo escucha comprenden lo dicho, todo ello en el mismo sentido en relación con esa palabra. Quizá, sea por eso que es tan difícil hacerse entender cuando ni yo mismo sé cómo explicarme.

Ahora bien, para que haya una comprensión verbal, a través de la palabra, es “claro” que se debe hablar en la misma lengua, esa lengua común, aquella que no es exterior ni extraña, tanto para el emisor como para el receptor. “Hablar una lengua es, naturalmente, hablar en sus términos”.[25] Es por eso que entendemos a otro, porque ambos estamos, pertenecemos al mismo mundo sígnico (la lengua).

La aventura de la palabra es ese juego, ese riesgo, ese salto al vacío en donde “si hay otro que entiende, es porque él mismo puede hablar -recorrer sentidos ajenos. La posibilidad de entender al otro radica en la posibilidad de hacer lo que el otro hace –decir lo que otro dice –de transitar por donde el otro va. Quien habla –es una posibilidad: es lo que puede hacer un maestro o docente –puede llevar al otro a saber de lo que él ya ha encontrado: siendo así, hablar es conducir, es inducir. Quien habla –es otra posibilidad – puede llevar al otro y llevarse a saber lo hasta entonces no sabido. (El aprendiz también lleva al maestro). Siendo así: hablar es descubrir…, hablar es aventura”.[26]

ü  Alumno y maestro: cuando un sujeto habla entienden el parlante y el oyente por algo en común: la palabra. En esta relación que se da de maestro/alumno, la comprensión es clave, de lo contrario se pueden presentar diferentes situaciones; o el alumno no entiende y por ello se siente inepto o da cuenta de que su maestro sabe, pero no sabe explicar, siendo así, existiría un desencuentro entre ambos.

El alumno “necesita” saciar ese pensamiento, que el maestro despliegue su conocimiento, principalmente los cómo  (razones y causas) de lo que explica, lo que sugiere que ser maestro incluye el ser alumno, el buen docente debe ser un buen aprendiz y en esta dualidad, lo que se da entre alumno y maestro, es frecuente que sea el maestro quien más aprende.

ü  Cosas, causas, razones: las razones teóricas buscan causas concretas. Las causas son objetivas no subjetivas; son las cosas que tanto buscan los científicos; observables, objetivas, encontradas. La cosa en tanto se ve, es: cosa/relación/cosa.


La aventura de la palabra: sobre el poder que tiene más allá de lo que nombra

Como vimos en las observaciones hechas por Candelero, el sujeto “gira en torno a” la palabra, a ese signo lingüístico que posibilita la comprensión, la enseñanza, el aprendizaje, el entendimiento, posibilita que seamos parte de algo, de algún momento y en algún lugar, de esa historia que es una serie de hechos, los cuales han sido contados, haciendo uso de las palabras.

De ahí, la fuerza que tiene la palabra, el poder, ya sea esta oral o escrita, de producir en el otro (sujeto-receptor) la posibilidad de pensar, comprender, argumentar, opinar, defender, cambiar de parecer, ofender, etc., sobre algún planteamiento o tipo de enunciado. Para Austin, la palabra tiene poder, tiene valor, él hace énfasis en un dicho popular que dice “la palabra empeña”.[27]

Al emitir un enunciado (oral o escrito) nuestras palabras alcanzan una fuerza que tienen el poder de destruir o enaltecer a alguien, inclusive. Al leer una obra literaria, por ejemplo, la visión del mundo se nos puede transformar por completo; casos como amar un país por la lectura de “Cien años de Soledad” de García Márquez, tener una filosofía de vida un tanto existencial y a la vez fortalecedora al leer la obra de Albert Camus, cambiar un paradigma dogmático con la lectura de textos como el de John Searle y Steven Pinker sobre “El misterio de la conciencia”, ver otras realidades, inclusive desde la lectura de contextos, etc.; por supuesto, son algunos ejemplos, de los tantos que se podrían mencionar para describir cómo puede “un enunciado”  (o la palabra propiamente dicha) cambiar por completo nuestras historias de vida.

Es precisamente sobre este último aspecto que cabe el ejemplo traído a continuación, el cual fue extraído de una noticia, que ha hecho revuelo en los diferentes medios de comunicación, cita textual:
            “Colombiano irá 18 meses a la cárcel por opinar en Internet”
Se le acusó de injuria agravada y la Corte Suprema de aquel país rechazó un recurso de apelación.
Desde Colombia llega una noticia preocupante para la libertad de expresión en Internet. Gonzalo Hernán López ha sido condenado a poco más de 18 meses de prisión acusado del delito de injuria agravada en contra de la directora de la Federación Nacional de Departamentos de ese país, Gloria Escalante.
La sentencia fue impuesta en febrero de este año. Sin embargo, el acusado interpuso un recurso de apelación ante la Corte Suprema de Colombia, que decidió no admitir la demanda, con lo que el fallo de febrero se mantiene vigente. La historia se originó en noviembre de 2008, cuando Hernán utilizó la sección de comentarios de una nota publicada en el sitio del diario El País para expresar su rechazo en contra de Escalante:
“Y CON SEMEJANTE RATA COMO ES ESCALANTE QUE HASTA DEL CLUB COLOMBIA Y COMFENALCO LA HAN ECHADO POR MALOS MANEJOS QUE SE PUEDE ESPERAR... EL LADRÓN DESCUBRIENDO LADRONES? BAH!”

Según la noticia[28], la Corte Suprema de Justicia, argumenta que dicho enunciado no es una opinión, sino una calumnia, más allá de eso, en este texto no interesa analizar si dicho suceso es justo o no, aunque se presta para el debate, sino más bien analizar, desde una postura crítica y tomando como apoyo la teoría, la importancia que tienen los enunciados puestos en contexto, el poder que tienen las palabras cuando salen de nuestros pensamientos, de ahí su carácter aventurero, nunca se sabe cómo llegarán estas palabras a los receptores y las consecuencias que puedan surgir.

En Austin, se explica cómo el decir algo, lleva intrínsecamente a la acción. Un discurso se comprende de tres dimensiones: los actos locucionarios, que tienen que ver con las palabras propiamente dichas, este es el acto de decir algo, los actos ilocucionarios, son el significado de lo dicho, la fuerza o intención y los actos perlocucionarios, son las consecuencias del acto de lo dicho. Todos estos actos de habla, tendrían que ver con la palabra representativa que describe Candelero en su texto sobre la palabra; pues como ya se mencionó, esta habla más por nosotros, que de nosotros, podemos hacer uso de ella, controlarla, evitarla, pensarla, antes de producirla, en esta medida, quien declara u opina en el diario (Gonzalo Hernán López, el acusado) dijo algo pero lo que dijo fue mucho más de lo que sus palabras escribieron, se aventuró a opinar sobre un tema, sin saber cuáles serían las consecuencias de sus palabras.

Así en la noticia citada, el “hablante” da, a su manera de creer, una opinión, la ilocución de lo dicho, tiene que ver con el carácter de afirmar algo que da por hecho, teniendo en cuenta que no sólo imparte una opinión, sino que a su vez hace mención de dos entidades con las cuales la persona de la quien habla tuvo relación,  por lo que se deduce la fuerza de su enunciado, su intención comunicativa sería claramente la de acusar, nunca la de ser acusado, como ocurrió en este caso, todo porque su perlocución causó un efecto fuerte, a lo cual se le acusa, no de opinar, sino de calumniar…, su acto produjo unas consecuencias, que sin duda, cambiaron el rumbo de su historia, sus palabras dijeron mucho más allá de lo que en sí nombraba.

En términos teóricos se “logró” la comprensión del significado, que para Austin,[29] siempre es necesario que las circunstancias en que las palabras se expresan sean apropiadas, de alguna manera. A su vez, es importante que tanto quien habla como quien  escucha (emisor-receptor) (en este caso, escribe y lee) posea determinadas habilidades “físicas” o “mentales”, para que haya una comprensión. También en el texto de Candelero se resalta este aspecto, el código lingüístico debe ser el mismo de quien lo emite, como de quien lo recibe, esta sería una condición mínima para que las palabras o el mensaje pueda ser comprendido.

Conclusión
En el presente escrito, se trató de sintetizar la información presentada en el texto base “Ciencia, arte y religión: observaciones filosóficas 2”” de Neldo Candelero, en el capítulo que tiene que ver con la palabra. Se hizo uso de las citas textuales y parafraseadas que en su momento fueron el soporte a la reflexión implícita pero explícita propuesta en el inicio del texto, lo que tiene que ver con LA PALABRA, con su fuerza, su poder, su carácter aventurero, lo que nos dice aún cuando callamos.

El ejemplo presentado, sirvió de apoyo para sustentar la idea principal, que fue “inspirada” por un apartado del texto base que menciona como hablar es descubrir, hablar es una aventura y es precisamente sobre esta aventura, sobre lo incierto, que el ejemplo sirve de apoyo, pues hay un emisor que no imaginó que por dar una opinión, fuera a ser acusado por calumnia; la palabra es transformadora, es energía cargada de significado, un significado que nos lo otorga, el lenguaje y el pensamiento.
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Bibliografía
  • Austin, J. 1962. Cómo hacer cosas con palabras. Buenos Aires: Paidós, 1971. Conf. 1 y  9.
  • Austin, J. 1961. “Emisiones realizativas” en Valdés Villanueva (comp.) op. cit.
  • Bajtín M.M. 1982. El problema de los géneros discursivos. En: Estética de la creación verbal. México, siglo XXI editores, S.A.
  • Candelero, Neldo. “Ciencia, Arte y Religión: observaciones filosóficas 2”. Editorial ciudad Gótica. 2014
  • Hualde, José Ignacio y otros. “De la gramática tradicional a la lingüística moderna. En: Introducción a la lingüística hispánica”. Segunda edición. Cambridge University Press.
  • www.fayerwayer.com/2014/07/colombiano-ira-18-meses-a-la-carcel-por-opinar-en-internet



[1] Licenciada en educación, lengua y literatura, magister en formación en teoría lingüística y adquisición del lenguaje y en educación universitaria. Universidad Nacional de Rosario. (Santa fe, Argentina)
[2] Bajtín M.M. “El problema de los géneros discursivos. En: Estética de la creación verbal”. México, siglo XXI editores, S.A,  1982, p. 256
[3] Hualde, José Ignacio y otros. “De la gramática tradicional a la lingüística moderna. En: Introducción a la lingüística hispánica”. Segunda edición. Cambridge University Press.
[4] Candelero, Neldo. “Ciencia, Arte y Religión: observaciones filosóficas 2”. Editorial ciudad Gótica. 2014, pág. 40
[5] Ídem
[6] Ídem, pág. 44
[7] Ídem
[8] Ídem, pág. 42
[9] Ídem, pág. 47
[10] A esta forma de representar el lenguaje o mejor dicho, a esta manera de representar la palabra, volveremos más adelante para hacer una comparación teórica sobre la palabra según Austin, necesaria para “defender” el postulado sobre la aventura de la palabra.
[11] Candelero, Neldo. “Ciencia, Arte y Religión: observaciones filosóficas 2”. Editorial ciudad Gótica. 2014, pág. 50
[12] A manera de reflexión,  dado que en Occidente, la cultura está permeada por lo visual, surgen inquietudes con respecto a este apartado, pues si lo visual nos hace sujetos… ¿qué ha pasado con Occidente para llevar al hombre a ser un autómata o humanoide?, ¿no es acaso esta característica lo que nos hace serlo? Estoy dando cuenta del acuerdo que tengo con el autor cuando sostiene que ser sujeto es no perderse a sí mismo y por esta condición somos humanoides, sin embargo, me inquieta que sea lo visual precisamente lo que nos haría ser más sujetos, es claro que vivimos en la cultura de la imagen quizá más que de las palabras y pareciera, en ocasiones, que ellas estuviesen sólo para nombrar las imágenes. Claro es que esta es una discusión filosófica que no viene al caso en este tema, pues al desarrollarla se puede perder el sentido de este escrito, por eso lo cito a modo de reflexión que surgió en el momento de la lectura.
[13] Candelero, Neldo. “Ciencia, Arte y Religión: observaciones filosóficas 2”. Editorial ciudad Gótica. 2014, pág 55
[14] Ídem, pág. 65
[15] Ídem, pág. 62
[16] Ídem, pág. 63
[17] Ídem. Pág. 68
[18] Ídem, pág. 72
[19] Ídem, pág. 79
[20] Ídem, pág. 80
[21] Ídem, pág. 84
[22] Ídem, pág. 86
[23] Ídem, pág. 87
[24] Ídem, pág. 96
[25] Ídem, pág. 98
[26] Ídem, pág. 100
[27] Austin, J. 1961. “Emisiones realizativas” en Valdés Villanueva (comp.) op. cit.
[28] Tomado de: http://www.fayerwayer.com/2014/07/colombiano-ira-18-meses-a-la-carcel-por-opinar-en-internet/
[29] Austin, J. 1962. Cómo hacer cosas con palabras. Buenos Aires: Paidós, 1971. Conf. 1., pág 8

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