LA
GRAN ESTAFA DEL SIGLO XXI
Por: Diana Osorio
"El poder radica en infligir dolor y humillación. El poder está en la facultad de hacer pedazos los espíritus y volverlos a construir dándoles nuevas formas elegidas por ti." George Orwell (1984)
Esta semana murió
mi tía, con la que vivimos durante toda la infancia, adolescencia y parte de la
juventud adulta. Ella y su esposo nunca tuvieron hijos, pero nosotros, sus
sobrinos siempre fuimos lo más cercano a eso.
Como casi toda mi
familia paterna, han muerto por problemas cardiacos. Durante toda su vida, tuve
que ver cómo su esposo, mi papá y mi mamá, salían corriendo con ella para el
hospital porque se sentía mal, cuadros de taquicardia. Le tenía un profundo
miedo a la muerte. El sábado, como otro, de tantos episodios, la llevaron al
hospital por lo mismo, pese a que el diagnóstico siempre eran ataques de pánico
con taquicardia, el tratamiento fue diferente. Antes le aplicaban medicamentos
para estabilizarla y en unas horas volvía a la casa, pero esta vez no volvió.
En el acta de
defunción se narra su cuadro, parafraseo: Causa de la muerte: natural. Paro cardiorrespiratorio.
Llegó consciente con taquicardia, le preguntaron los síntomas. Se registra que no
tenía fiebre, vomito, diarrea, algún síntoma de gripa, no estuvo en contacto
con alguien que pudiera tener el covid, etc., pese a eso le hicieron la prueba
y salió negativa. A todo esto, la entubaron, lo cual le causó un paro, sin embargo;
al final, se redacta que le deben hacer una prueba post mortem por sospechas de
covid ya que los rayos X realizados revelaron lesión pulmonar y cómo no si la
entubaron, pues según el Colegio Americano de Médicos del Tórax “La lesión
pulmonar inducida por el ventilador representa un porcentaje importante de las
complicaciones respiratorias de los pacientes en la UCI”. (Riesgos y complicaciones de la ventilación mecánica)
A la familia,
desde el hospital, los apuran alegando que ellos no se pueden quedar con el
cuerpo y lo deben entregar envuelto a la funeraria para cremación. Mi familia alega
no permitir esta medida ya que el deseo de mi tía siempre fue ser sepultada por
sus creencias, pero desde el hospital, solo quieren entregarla a la funeraria
para ser cremada, como la familia no lo permite, el abogado de la institución les
dice que los trámites pueden tardar 10 días hábiles para entregar el cuerpo. O sea,
juegan con el dolor de una familia, la apuran para que finalmente se cansen y
decidan hacer las cosas como el hospital lo desea, hasta donde sé, eso se llama
violencia psicológica.
Después de casi una semana de discutir, pelear, hacer trámites y pedir ayuda por varios medios, finalmente fue entregada para ser sepultada. Mi papá tuvo que reconocer o intentar reconocer el cuerpo. ¿¡Por qué tener que pasar por todo esto, si mi familia y menos mi tía, le hizo daño a nadie!? Sinceramente leí muchos casos de denuncias similares, videos caseros grabados a escondidas sobre la mafia en la que se convirtió el covid para alterar e incrementar las cifras de muertes, porque de lo contrario, ¿cómo justifican todo esto? pero hoy, no me lo contaron, hoy nos tocó a nosotros.
Existen datos oficiales
del ministerio de salud de Colombia, país del que provengo, en el que se
muestran datos de las muertes de los últimos años. El año 2020 es el año con
menos muertes reportadas (ver enlace, pág. 3). No es extraño, dado que estábamos encerrados, se
evitaron muertes por accidentes de tránsito, asesinatos, etc., pero ¿no tendría
que ser otra la cifra sin embargo?
Mi reflexión sobre
el tema… una “deuda” que he tenido pendiente conmigo misma, pero que había
decidido dejar que cada quién pensara lo que “le diera la gana”. Tampoco pretendo
con esto cambiar las creencias de nadie, pero sí invitar a aquellos a los que
por lo menos les queda criterio propio, a razonar. Ya en la familia pasamos por
un caso similar y bastante confuso que no viene al caso, pero quizás la muerte
de mi tía me conmovió más de lo que me hubiese imaginado:
¡Quitándonos las máscaras!
En tiempos de
máscaras, es donde realmente todos nos sacamos las máscaras, donde realmente
cada uno mostró de qué está hecho, qué tenía adentro y sí, prefiero hablar en
pasado porque el lenguaje es poderoso.
El año 2020 fue
caótico, por lo menos para la gran mayoría de la población, nosotros, los que “vamos
a pie”. No así para una de las industrias más poderosas y letales de la
historia: la industria farmacéutica.
A nivel personal
puedo decir que fue el mejor de mis últimos 4 años, pues en mi familia hemos
pasado por traumas tan fuertes que, el último de estos, en 2016, me llevó 4
años en recuperarme (admito que no sé si del todo). Sin embargo, sé que, para
muchos, el 2020 fue un año para recordar. A muchos nos ha permitido
evolucionar, despertar, aprender, reinventarnos, etc., pero no todos la pasaron
tan bien.
Los medios de comunicación
solo hablaban del virus letal que estaba dando vueltas. Nos obligaron a
encerrarnos, a aislarnos, a estar solos, a dejar de trabajar, de besar y
abrazar, de compartir…, nos obligaron a usar unas máscaras para “protegernos”,
pero no era de un virus; era del otro, del diferente, del ser aborrecido que es
el otro que no usa una máscara, falto de empatía; claro, porque ahora resulta
que es un término que se puso de moda, ahora todos saben de qué trata, cuando
en realidad lo único que les preocupa es su propio ombligo, porque si a mí o a alguien
de los míos les pasa algo, ahí sí me involucro, ahí sí sé lo que es la empatía.
¿Antes? Todo bien, niños muriendo en las calles de hambre, a los cuales muchos
miran con desprecio, abusados, maltratados, asesinados, violados, usados como
armas, como alimento humano. Personas muriendo de frío, de soledad, de depresión,
donde ver un accidente vial se volvió algo normal, donde un paciente de VIH
solo es alguien que fue irresponsable, donde un cáncer solo es doloroso para la
familia del padeciente y donde una gripa, por más fuerte que fuera, solo era
una “gripita” y no justificaba ausencia laboral, por ejemplo.
Entonces, “ellos”
arman el show, el que ellos desean y nos bloquean por completo, porque ellos
tienen el poder y aquí no estoy hablando de ningún partido político ni tampoco
de los dirigentes, quienes solo son títeres con más o menos poder, solo son los
gerentes de estas empresas que llamamos estados, pero los dueños, los que se
adueñaron, son otros y esos son los que nos arman el show.
Nos dicen qué
debemos comer, luego nos damos cuenta que esas cosas que debemos comer nos
enferman, nos intoxican, nos matan lentamente (y a veces no tan lentamente)
para después vendernos todos sus medicamentos, sus tratamientos costosísimos. En
algunos lugares del continente decimos que por lo menos no nos cobran, pero
claro que sí, lo pagamos todos los días con nuestros impuestos: pagamos para
que nos enfermen y luego pagamos para que nos salven. El miedo controla por completo
nuestro cerebro, el miedo detiene y ellos lo saben.
Desde que surgió
esta crisis sanitaria (que realmente es más la crisis económica que generaron)
me sonó sospechoso que justo en un momento de la historia, por lo menos de Latinoamérica,
donde estuviesen la mayoría de los países revolucionados, su pueblo en las
calles, reclamando y exigiendo, llega esta crisis. La ola se estaba volviendo inmanejable; apareció un virus, como muchos en lo largo de la historia, no lo digo yo, lo
dice la historia misma y los datos están al alcance de todos, y entonces a
todos NOS TAPARON LA BOCA… LITERALMENTE. Nos mandaron a todos calladitos para
casa y nos prohibieron estar reunidos. No necesitaron mucha fuerza policial
ahora para CONTROLARNOS porque resulta que todos nos volvimos vigilantes, la
sociedad panóptica en su máxima expresión.
Si
te ven con tres personas ya te miran con desprecio, si ven que te saludas de
abrazo eres un asco de persona, ¡ah no! y si te ven sin usar el tapabocas, aun
cuando no estés comprometiendo a otros, ya eres un asesino serial. ¿Qué nos pasó?,
¿qué nos sigue pasando? Por favor. Antes se creía que algunas personas se
vestían de X o Y manera para llamar la atención, ahora no importa cómo estás
vestido o de hecho si lo estás, ahora si no usas tapabocas ya llamas la
atención, porque nos hicieron creer que el mundo ha cambiado, que debemos
adaptarnos a una “nueva realidad” pues a fin de cuenta, citando nuevamente a Orwell
en su obra 1984 “lo esencial de la regla oligárquica, es la persistencia de una
nueva manera de ver el mundo y de un cierto modo de vida impuesto por los
muertos a los vivos”.
Pensemos… no solo
ha muerto gente, murieron otras enfermedades. Muertos reales por covid también
son aquellos que ante la crisis optaron por el suicidio, porque para eso sí que
se necesita tener empatía, estar en los zapatos del otro. Mientras unos
teníamos un empleo nuevo en plena pandemia, una economía estable quizás, otros
recibiendo ayudas, de quien fuera, unos tantos laburando y percibiendo sus sueldos
desde la comodidad, para algunos, de sus hogares. Otros, en cambio, se fundieron.
Cerraron sus negocios, llenos de deudas, a otros los desalojaron de los lugares
donde vivían, muchos sin saber con qué o cómo le daban de comer a sus hijos,
sin saber ni siquiera qué estaba pasando, cómo se los explicaban a esos inocentes
que fueron despojados de su niñez, de una de las etapas más hermosas de la vida;
el vivir sin miedo, jugando con todo, razonando lo suficiente y más que el
cerebro contaminado de la mayoría de nosotros los adultos. ¿Cómo le explicabas
que no solo no podía comer, sino que además se tenía que tapar la boca?, privándolos
hasta del oxígeno que, aunque irregular en muchos casos, es oxígeno, privándolos
de hablar y preguntar. Y así, una vez más, a ellos, como a nosotros, con otros
métodos, nos fueron adiestrando.
Llegué a sentirme
sola, pues siempre fui una revolucionaria de pensamiento, no soy activista, no
tengo el coraje de muchos que salen y se manifiestan por aquello en lo que
creen, o más bien soy como la mayoría, dejan que todo pase y que otros se
encarguen, pero sí que he sido revolucionaria desde el pensamiento, al punto de
ser difícil de tolerar para algunas personas, porque soy polémica, lo que me
hizo sentirme muy sola cuando empezó toda esta situación, discutía y pensaba
diferente a todos, hasta con aquellos con los cuales siempre me sentí que formaba parte.
No podía entender
cómo en plena crisis sanitaria, en el lugar donde vivo, por ejemplo, de los cuatro
centros de salud, hubiesen cerrado dos, de los lugares que improvisaron para
llenar de pacientes por el virus, vacíos y, en “el mejor de los casos” con
personas en situación de calle allí ubicados, por suerte claro. Entonces llegué
a pensar que yo estaba muy mal, que era un ser humano horrible por pensar y
sentir diferente, por notar esas diferencias que para mí eran obvias, que por
lo menos me hacían dudar de que algo no estaba del todo bien.
Pasó el tiempo y
si te desenchufas un poco de la televisión, si escuchas, lees, te informas,
analizas, razonas de manera crítica y hasta científicamente hablando, (porque
no necesito un título para hablar con propiedad de algunas cosas, solo hay que
leer y discernir) empiezas a elaborar tu propio criterio y a sacar tus propias
conclusiones y quizás, eso no sume, pero a mí por lo menos no me resta. Porque nos
han robado la libertad, pero mi pensamiento sigue siendo libre.
La anterior
reflexión es, además una invitación a usar el razonamiento crítico, a leer, a
investigar, a no permitir que nos sigan quitando los derechos básicos. Porque ayer
fueron unos, hoy fuimos otros, mañana te puede pasar a vos, a alguno de los
tuyos. Si realmente quieres cuidar a los mayores, que es por ellos que más nos
cuidamos en general, entonces cuídalos de verdad y no, no es con máscaras, no es con miedo, es con amor, vibrando alto, con alimentación sana, tiempo, dedicación, pero, además protégelos,
porque creo que para muchos, no es un misterio que los adultos mayores
representan gastos a los grandes sistemas, a los poderosos, por lo cual,
tampoco es raro que la mayoría de defunciones por covid, sean de personas con
comorbilidades o enfermedades varias prestablecidas. No es momento de dejarlos
solos ni por unos segundos en espacios donde no sepas que los trataran igual o
mejor de lo que lo harías tú mismo. Y recordemos que “la cordura no depende de
las estadísticas” (Orwell)
Triste realidad 🤔🤔
ResponderBorrar¡Sí, lamentable!
Borrar