“Se puede tener, en lo más profundo del alma, un
corazón cálido, y sin embargo, puede ser que nadie acuda a él.” van Gogh
"Siempre nos engañamos a nosotros dos veces
respecto las personas que amamos, primero a su favor, y luego en su
contra". A. Camus
"Observa tus pensamientos, se convertirán en
tus palabras. Observa tus palabras, se convertirán en tus acciones. Observa tus
acciones, se convertirán en tus hábitos. Observa tus hábitos, se convertirán en
tu carácter. Observa tu carácter, se convertirá en tu destino." Gandhi
La vida nunca
termina de darnos lecciones, por eso su riqueza y valor, todo depende del modo
como afrontemos cada situación. Personalmente por ejemplo, gracias a la
sensibilidad que me ha dado la literatura y a las propias experiencias, he
venido reflexionando mucho sobre el comportamiento humano y lo convenientes que
somos en general –defendemos la vida, pero justificamos su sacrificio por
ejemplo-, o a la hora de entablar relaciones con las personas… pedimos cosas
que nosotros no podemos dar o a veces ni siquiera queremos dar y está bien
claro, ¿quién no quiere una vida llena de comodidades?, pero creo que lo más
sensato es ser consecuentes con aquello que pedimos o muchas veces exigimos en
los demás.
Hablo de cosas
en general, pero en este caso en particular, me referiré a los sentimientos.
Somos muy convenientes para todo, cuando me conviene soy respetuoso, cuando no,
encuentro pretextos. Creo firmemente que no todas las personas tenemos las
mismas cualidades y por lo mismo no podemos exigir que los demás las tengan, como
cuando conocemos a alguien y lo aceptamos tal cual es y después queremos
modificarlo o cambiarlo a nuestro antojo, eso es irrespeto desde donde entiendo
el significado de las palabras. Si decido aceptar a alguien, no puedo juzgar
sus actos sólo porque no se comporta o no hace lo que espero que haga. Para que
las relaciones funcionen -desde mi experiencia-, es necesario crear un
lenguaje, unos códigos que permitan su funcionalidad, pues ninguna relación se
construye de la noche a la mañana, no se puede forzar, no podemos ser tan
convenientes.
Estamos
acostumbrados a lo efímero, olvidando las lealtades, el respeto al otro, a su
identidad, por lo que nos queda cómodo juzgar los actos de los demás sólo
porque no nos parece que obren “bien” ¿y acaso qué es obrar bien? Seguramente
para todos es muy diferente, porque depende de la perspectiva con que lo
miremos, no es lo mismo ser una persona que cree en lo divino que no serlo por
ejemplo, pues hasta el mismo Jesús usó su cuerpo como cualquier mortal, no es
lo mismo tener una educación que otra, una mentalidad que otra, todo lo que
hacemos y vivimos, altera considerablemente nuestra personalidad y visión del
mundo. No obstante, seguimos siendo mundanos porque pertenecemos a este mundo
en este momento, porque tenemos un cuerpo condicionado y todos nuestros
comportamientos están “controlados” por leyes sociales, políticas, religiosas,
judiciales, morales, etc., de hecho, creo que si estamos en este mundo es
porque necesitamos conocer y vivir, experimentar los placeres y padecer los
dolores de este plano terrenal, "si vamos a la escuela es porque
necesitamos aprender las lecciones" y mientras más larga sea la carrera
más serán las lecciones que debamos aprender, de lo contrario pereceríamos
prematuramente, porque quizás las cosas que necesitamos aprender de este mundo
sean pocas.
Pese a todo, se
nos llena la boca, por ejemplo, juzgando a las mujeres que se visten
provocadoras – y no falta quien justifique que alguna fue violada por vestirse
de una u otra forma -, u opinando de casos ajenos hasta que nos toca vivirlos
en carne propia; juzgamos por las apariencias, por la clase social, la
religión, la raza, la nacionalidad, los actos, las palabras y no nos damos
cuenta que "es por la boca que muere el pez", que las palabras son
cuchillos, son armas peligrosas y lastiman, de hecho más a quien las pronuncia
que a quien son pronunciadas, porque lo que sale de nuestros pensamientos y
nuestras palabras, habla más de quien las pronuncia que de aquellos hacia
quienes son pronunciadas, creer en que algo es posible, por más arbitrario que nos parezca, habla más de la clase de pensamientos que tenemos dentro, de la clase de persona que somos.
Nos creemos con
el derecho de decirles a los demás lo que está bien o no, sin conocer sus
historias, es más fácil señalar que realizar introspecciones; es decir, mirar
hacia afuera en lugar de mirar hacia adentro.
Creo fielmente
en que cada persona tiene derecho de hacer sus propias construcciones, de
generar sus propios vínculos, de construir sus propias lealtades, de confiar en
aquellos que se han ganado esa confianza, de dar amor sin esperar nada a
cambio, el amor no es un negocio, no es algo que se da sólo si se recibe, eso
es otra cosa.
Por tanto, el
carácter de un ser humano no se hace de la noche a la mañana, si bien creo que
cada uno venimos con una especie de “columna vertebral” que nos diferencia de
los demás pese a que hayamos recibido los mismos valores y educación, el
carácter se va construyendo y modificando con el paso del tiempo, lo que yo soy
no me hace una mejor o peor persona que lo que es otro, no soy nadie para
valorarlo ni ponerlo en tela de juicio, pero sí creo que ese carácter no se
modifica de un día para el otro.
Los seres
humanos somos muy convenientes con los sentimientos, exigimos lealtad cuando no
conocemos su significado, creemos que podemos ser leales con unas personas y
con otras no, claro está que uno no va por el mundo siendo leal con personas
que ni siquiera conoce, la lealtad se
gana con la confianza y el respeto, se devuelve, no se gana en un día sino que
se construye día a día. La lealtad y el amor son valores que quienes los tienen
los dan simplemente a quienes quiere dárselas, pero ambos se construyen con
acciones y jamás desaparecen porque marcan el carácter y no existen armas que
destruyan lo que se forja con esfuerzo, se es o no se es, a diferencia de
sentimientos como la fidelidad por ejemplo, que es una construcción de acuerdos
mutuos.
Sin embargo,
para la humanidad promedio, es muy cómodo “negociar” los sentimientos y peor
aún, negociar los comportamientos: “te amo y te acepto como eres, pero no debes
ser así”… seguramente aquellos se han aprendido muy bien las lecciones de la
escuela, porque la sociedad nos educa para ser iguales, para no tener autonomía
de pensamiento y de comportamiento y cuando alguien no hace “lo que debe” o lo
que los demás esperan, sencillamente nos viene muy bien juzgar por medio de
adjetivos calificativos.
Por otra parte, no sólo nos basta con juzgar a los demás sin antes mirarnos a nosotros mismos, sino que además, nos encanta vivir en un drama buscando historias donde no las hay, evidencias de nuestros propios miedos y fantasmas, de nuestras carencias, de nuestras creencias incluso en fábulas y cuentos de hadas que se alejan por completo de la realidad, porque parece que en esta realidad es más fácil fingir ser lo que no somos para ser finalmente aceptados, inclusive por aquellos que nos han visto caer. Vale más hacer sonreír aún a costa de nuestras propias sonrisas; los sentimientos quedan en jaque ante una sociedad que juzga, discrimina y acusa sin importar las consecuencias.
Por otra parte, no sólo nos basta con juzgar a los demás sin antes mirarnos a nosotros mismos, sino que además, nos encanta vivir en un drama buscando historias donde no las hay, evidencias de nuestros propios miedos y fantasmas, de nuestras carencias, de nuestras creencias incluso en fábulas y cuentos de hadas que se alejan por completo de la realidad, porque parece que en esta realidad es más fácil fingir ser lo que no somos para ser finalmente aceptados, inclusive por aquellos que nos han visto caer. Vale más hacer sonreír aún a costa de nuestras propias sonrisas; los sentimientos quedan en jaque ante una sociedad que juzga, discrimina y acusa sin importar las consecuencias.
En resumen, creo
fielmente en que el amor está muy devaluado como término, aprendí eso de la
forma quizá más dolorosa, cuando te das cuenta que amar es aceptar sin
condiciones, sin acomodar nada. También creo que los humanos “negociamos” con
el carácter de los demás, que usamos los sentimientos como veletas, sin
entender que en esta vida, unas cosas se negocian, se establecen o se acuerdan,
a través de la palabra y otras simplemente son porque forman parte del carácter
de un individuo -término también muy devaluado-; devaluamos los sentimientos
porque no conocemos el significado de las palabras, sólo las usamos a nuestra
conveniencia.
(A propósito del tema, recomiendo la lectura del poema "Después de un tiempo" atribuido a Borges, que dejo abajo.)
«Después de un tiempo
Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre
sostener una mano y encadenar un alma, y uno aprende que el amor no
significa acostarse y una compañía no significa seguridad, y uno
empieza a aprender...
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas,
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos
abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes... y
los futuros tienen una forma de caerse en la mitad. Y después de un
tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol
quema.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma,
en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente
es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende... y con
cada día uno aprende.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece
un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu
pasado.
Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte
con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la
felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa
persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no
deseando volver a verla.
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son
contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá
rodeado sólo de amistades falsas.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento
de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la
vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero
perdonar es sólo de almas grandes.
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo
duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.
Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus
amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida
con cada persona es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia
un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o
desprecios multiplicados al cuadrado.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas
a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no
era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese
instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a
tu lado, añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y
ahora se han marchado.
Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir
perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas,
decir que quieres ser amigo, ante una tumba, ya no tiene ningún
sentido.
Pero desafortunadamente, lo aprenderás sólo con el tiempo...". Borges (atribuido a)
Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre
sostener una mano y encadenar un alma, y uno aprende que el amor no
significa acostarse y una compañía no significa seguridad, y uno
empieza a aprender...
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas,
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos
abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes... y
los futuros tienen una forma de caerse en la mitad. Y después de un
tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol
quema.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma,
en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente
es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende... y con
cada día uno aprende.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece
un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu
pasado.
Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte
con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la
felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa
persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no
deseando volver a verla.
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son
contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá
rodeado sólo de amistades falsas.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento
de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la
vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero
perdonar es sólo de almas grandes.
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo
duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.
Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus
amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida
con cada persona es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia
un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o
desprecios multiplicados al cuadrado.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas
a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no
era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese
instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a
tu lado, añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y
ahora se han marchado.
Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir
perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas,
decir que quieres ser amigo, ante una tumba, ya no tiene ningún
sentido.
Pero desafortunadamente, lo aprenderás sólo con el tiempo...". Borges (atribuido a)

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