Epistemología de la educación

La escuela: ¿formadora de principios o deformadora de pensamientos?
Por: Diana Osorio [1]

"Tener acceso a la ciencia es rejuvenecer espiritualmente, es aceptar una mutación brusca que ha de contradecir a un pasado" Bachelard

"Una familia en la que no se lee ni se escribe, es una familia desnuda como la muerte". Álvarez Fernando [2]


Resumen: El presente texto aborda algunas teorías epistemológicas de la educación a manera de análisis reflexivo sobre el quehacer docente. En la primera parte, se narra una experiencia real, a modo de anécdota, con el fin de “ambientar” un poco este texto de manera vivencial, luego se pasa a introducir el tema planteado desde una tesis inicial: ¿es la escuela formadora de principios o deformadora de pensamientos?, tomando como referente 3 temáticas: Pedagogía o Ciencias de la educación, La separación entre teóricos y prácticos de la educación: la tentación tecnocrática y La diferencia entre enseñanza y educación: el mito del maestro, siendo éste último el pilar temático de todo el texto. Durante el desarrollo, se tratará de defender la tesis planteada o de generar algunas preguntas que siempre están presentes en los contextos escolares, se finaliza con una conclusión, la cual no lo es del todo, pues se trata aquí es de sensibilizar y generar nuevas preguntas, ya que las respuestas, en pedagogía, siguen siendo generadoras de nuevos interrogantes.

Palabras claves: educación, enseñanza, aprendizaje, maestro, alumno, contextos.

Desde que llegué a este país (Argentina) me han sucedido infinidades de cosas, unas buenas, otras no tanto, pero con seguridad, todas han tenido un objetivo. Una de las cosas más significativas a las que me he tenido que enfrentar es aprender a resolver muchas situaciones por mi propia cuenta, ésto se debe quizá a mi encierro, al hecho de no conocer mucha gente, de hecho con quien más he interactuado es con la perra de la casa donde vivo, lo cual también ha sido significativo, dado el hecho de que meses atrás no lo concebía por mi temor a los perros y mi “fastidio” aunque suene brusco. Para resumir, diré que debido a una necesidad tecnológica, hallé una solución sin recibir mucha ayuda, pues en donde he vivido no había internet wifi, lo cual es necesario para mí, ya que todos mis libros están en la red. Así que busqué ayuda y no me resultó, hasta que un día, sin más decidí leer, analizar y ensayar, aprendí a realizar una instalación que hasta hace meses no tenía ni idea de cómo se hacía, quizás no sea un hecho grande, pero me dejó claro, que la necesidad y el deseo por aprender algo, es lo único que nos lleva a ser menos ignorantes.
Al intentar tener una noción de los problemas que se plantean cuando se habla de educación, se abren una infinidad de puertas que de alguna manera invitan a pasar, pero que en definitiva se duda porque no se ve qué hay más allá o como diría Bachelard (1948) “El conocimiento de lo real es una luz que siempre proyecta alguna sombra". Eso que llaman educación, siempre trae implícito en el consciente o inconsciente colectivo de la sociedad la triada que compromete al docente y al alumno, con la enseñanza y el aprendizaje:
enseñar-educar-aprender
maestro-alumno

Pero éste es un proceso cíclico, en el cual, se enseña (en la academia, en los centros de preparación docente, en las teorías, etc.) que el maestro es como una especie de transmisor de conocimientos, pero… ¿qué pasa con eso que llaman educación?, ¿a quiénes involucra?, ¿qué es?, ¿por qué todos hablan de ella pero nadie quiere hacerse responsable? Son preguntas que si bien parecen sencillas, no lo son tanto, son complejas porque invitan a la reflexión, al re-pensarse como individuo de una sociedad y a analizar, a su vez, qué papel se juega dentro de la misma.

Para tratar de responder un poco a estos cuestionamientos, partiremos del postulado de que el conocimiento sólo se adquiere y se logra cuando hay una “buena” enseñanza y ésta misma se da, cuanto antes ha habido una educación pertinente. Es a partir del deseo que se logra aprender.

El oficio del maestro: entre teorías, prácticas y realidades
Al iniciar a ejercer, el maestro trata de poner en práctica las teorías pedagógicas que leyó y que indicaban cómo son los contextos escolares, sin embargo, aun sabiendo que la pedagogía es la ciencia de la didáctica, qué es ésta la que se supone nos ayudará a entender el cómo vamos a compartir un conocimiento con los otros de tal manera que éste sea comprendido; es sólo al llegar a dichos contextos cuando las  teorías se vienen abajo o recobran fuerza.

A todo ésto, el maestro debe aprender a reconocer su oficio como una ciencia, por lo que se debe asumir con un científico, ya que es imposible concebir un investigador pedagógico que no conozca el oficio de educador, es decir, que sea incapaz de llevar por sí mismo y con éxito una clase (Mialaret 1961, pág 27). Es el maestro quien se está generando todos los días diversas preguntas y al hacerlo piensa en sus respuestas, porque su labor no puede carecer de cuestionamientos, lo cual implica su espíritu científico, para el cual todo conocimiento es una respuesta a una pregunta. Si no hay pregunta, no puede haber conocimiento científico (Bachelard 1948, pág. 16).

Es allí donde se reconoce la necesidad de legitimar plenamente la disciplina de la pedagogía, tanto académicamente como institucional y socialmente (Larrosa 1990, pág. 33) pues aunque en el oficio escolar no se hable tanto de la importancia que ésto tiene, sí resulta ofensivo para muchos maestros el desconocimiento de su labor como disciplina científica, porque explícita o implícitamente hay allí un trabajo con las demás ciencias de la educación que en última, también son las que posibilitan que esta labor sea más completa, en otras palabras “un maestro que no domina el manejo de las técnicas psicológicas, estará en la misma situación de un físico que no supiera nada de matemáticas”. (Mialaret, pág 30).

Lo cierto es que un maestro no puede verse a sí mismo sólo como aquel que lleva la teoría a la práctica, porque quién mejor para hacer teoría que aquel que se halla en el campo… la investigación pedagógica debe apuntar a la mejora de las prácticas educativas (Larrosa, pág 34) y ya que de por sí estas prácticas son complejas, lo serán más aún si los teóricos se limitan a proponer estrategias románticas que nada tienen que ver con los contextos de las aulas.

Haciendo trabajo de campo
Sin embargo, el maestro se halla en un lugar poco privilegiado, en primer lugar está el desconocimiento de su disciplina como ciencia, en segundo lugar se le está exigiendo que debe hacer trabajo de campo, es decir, que investigue, pero si bien es cierto que tiene el lugar para que la práctica de la investigación sea posible, éste no goza del apoyo administrativo, no cuenta con capacitaciones oportunas ni tiempos para su desarrollo. La investigación se le impone más como requisito que como un compromiso, pues pareciera que los problemas centrales en educación son el aumento de matrículas, el presupuesto, la formación cuantitativa de un alto número de docentes, etc. (Follari 1990, pág. 71). En tercer lugar, le recae toda la responsabilidad de los actos “negativos” de una cultura, pareciera ser que la educación está en manos, únicamente de los maestros, la sociedad no se quiere hacer cargo de lo que ella misma ha engendrado, los padres desean entregar un “animal salvaje” y recibir un “ciervo domesticado”, a lo cual es un acto repugnante e hipócrita, ya que la educación de cada uno de los seres humanos de una cultura, es responsabilidad de toda una sociedad y no hay mejor "domesticación" que la de un hombre con un espíritu libre.

Aún con todas estas problemáticas, lo más claro o lo que más preocupa a un pedagogo, sea éste docente o maestro, es el “cómo”, y es justo ahí, donde se puede afirmar que los maestros deben ser como los buenos textos, ser capaces de atrapar la atención del lector (alumnos) en sus primeras líneas, lo demás vendrá por sí solo.[3]

¿Educación o enseñanza? Vs ¿Aprender o comprender?
El alumno debe creer en el discurso de su maestro y para que eso sea posible, el maestro debe poner en práctica su saber, más por “intuición” que por “verdad absoluta”[4], debe ser capaz de seducir con la palabra, saber llegar desde la educación hacia la enseñanza; así su aprendizaje será comprendido, no saldrá del actuar del educando. Es necesario mostrarle por qué es importante adquirir conocimiento, ya que no hay peor pobreza que la intelectual, la del desconocimiento o la ignorancia cultural, ésto es lo que “permite” que las clases populares sean vistas como carentes de cultura (Bourdieu y otros., 1975, pág. 53).

Cabe, en este aspecto citar a Camus cuando afirma que “La memoria de los pobres está menos alimentada que la de los ricos, tiene menos puntos de referencia en el espacio, puesto que rara vez dejan el lugar donde viven, y también menos puntos de referencia en el tiempo, inmersos en una vida uniforme y gris”. (2003)  Por lo tanto es necesario que el maestro le muestre a sus alumnos que es posible, que muchas cosas son posibles y, aunque suene romántico, se trata es de cambiar los parámetros de pensamiento, creer que se puede, alimentar el espíritu, hacer que ellos sientan la pasión y el deseo por el saber.

Por eso es tan importante que a ellos llegue un buen maestro, uno apasionado con su labor que sea receptivo cuando se da por enterado sobre el deseo de aquel que está frente a ellos y es sobre esta pasión que ellos se cuestionan, porque a diferencia del profesional que transmite conocimientos, el maestro comunica sobre todo una implicación en la búsqueda de la verdad, un maestro deberá ser capaz de estimular el hambre de descubrir… “No existe ninguna fórmula mágica para contagiar la pasión por el conocimiento, si se exceptúa que no podrá transmitirla quien no se sienta a sí mismo con capacidad para la sorpresa y el descubrimiento de lo desconocido. La transmisión de la fascinación por la verdad no tiene tanto que ver con el saber, cuanto con la conciencia de la ignorancia y el deseo de salir de ella. Se requiere también un saber hacer, estimular y captar la atención” (Álvarez).

Cuando se está frente a los alumnos, el maestro debe entender que está frente a seres humanos que están buscando algo y que justo ahí se tiene la oportunidad de orientar, de ayudar a buscar un camino… “El secreto del maestro es saber reconocer la distancia entre la materia enseñada y el sujeto a instruir como así también la distancia entre aprender y comprender” (Rancière 2003). En el momento en que después de un discurso los alumnos opinen (hablen), escuchen (comprendan), escriban (produzcan), lean (interpreten) y piensen, justo ahí, el maestro habrá cumplido su misión…, la de haber sembrado la semilla de la inquietud.

Por eso, y ante tantas teorías que discuten términos y situaciones, nada es más seguro que:
·         Sobre la educación: es un proceso social, en la cual toda la cultura debe estar involucrada, porque el ejemplo nos enseña, porque la pasión se transmite, porque sólo en la medida en que exista un compromiso real, de toda una sociedad educativa en general, es posible hablar de ella, no se trata de enseñar… ¿enseñar qué?, NO. Los currículos escolares están diseñados para desarrollar unas competencias, pero de qué o para qué. La educación debe humanizar, debe capacitar para la vida, para formar y no para deformar, porque extrañamente son muchos los afectados en este proceso, se coacciona el pensamiento, la palabra, el actuar…, se teme mostrar la realidad porque los alumnos no están aún preparados para verla, pero ¿si no es allí, entonces cuál es el momento oportuno? Una sociedad que engaña y calla generaciones enteras sólo para que salgan a combatir, a ganar, a tener la calidad de vida que nos vendió Hollywood, ese es el deseo, el pensar de estos chicos que se preparan, ganar, sin importar por encima de qué o quién se deba pasar.
·         Sobre las teorías: las ciencias sociales son interpretables ellas mismas, sus objetos de estudio tienen que ver con el pensar y el repensar, en pedagogía siempre va a ser necesario estar en función de ellas, porque nacen del pensamiento, de la razón, existen para y por eso.
·         Sobre teóricos y prácticos: el maestro es y debe ser un investigador en potencia, porque de lo contrario morirá lentamente en su labor, ya nada lo asombrará y si un maestro pierde la capacidad de asombro es posible que sus alumnos no encuentren que hay otros lugares donde pueden pensar y actuar de manera asombrosa.





 Bibliografía

  • Bachelard Gastón (1948) La noción de obstáculo epistemológico plan de la obra. En: “La formación del espíritu científico”. Siglo XXI editores. México, España, Argentina, Colombia.
  • Follari Roberto () “Sobre la existencia de paradigmas en las ciencias sociales”. En: Epistemología y Sociedad. Homo Sapiens ediciones. Argentina
  • Follari Roberto () Psicoanálisis y sociedad: crítica del dispositivo pedagógico. Lugar editorial IDEAS.
  • Follari Roberto () Filosofía y educación: nuevas modalidades de una vieja relación. Universidad Nacional Autónoma de México. México, 2009.
  • Larrosa Bondía, Jorge (1990). El trabajo epistemológico en pedagogía. Una propuesta constructivista. PPU, Barcelona.
  • Mialaret Gastón (1961) Nueva pedagogía científica. Editorial Luis Miracle, S.A. Barcelona.
  • Montserrat Bartomeu, y otros. (1992). Epistemología o fantasía: el drama de la pedagogía. Universidad Pedagógica Nacional, México.
  • Passeron, Chamboredon y Bourdieu, Pierre (1975) La construcción del objeto. En: “El oficio del sociólogo”. Siglo XXI editores, México, España, Argentina.
  • Rancière Jacques (2003). El maestro ignorante. Editorial Laertes, Barcelona.



[1] Licenciada en educación, lengua y literatura, magister en formación en teoría lingüística y adquisición del lenguaje y en educación universitaria. Universidad Nacional de Rosario.
[2] Parafraseando las palabras de Fernando Álvarez Uría en su texto “Escuela y subjetividad”, en el cual hace una reflexión sobre el tema, trayendo a colación la última obra del escritor Albert Camus “El primer hombre” (1994), un texto que fue escrito antes de morir y publicado años después por su hija.
[3] Aquí se me hace necesario aportar una experiencia de aula personal. Como docente de lenguaje, trato de llegar contando experiencias reales de vida, de cuando me hallaba en la secundaria y les dejo siempre claro la importancia del área dentro de sus vidas, explico qué y cómo evaluaré y todo, a través de una sola palabra : HELP! Siempre pregunto qué dice y ellos responden: AUXILIO y lo que les respondo: -bueno, los ayudaré. Se ríen y les explico cómo esa palabra será la única que evaluaré durante todo el año así: Hablar, Escribir-escuchar, Leer y Pensar. Evaluando sólo esta palabra y logrando una mejora de su comprensión, yo les diré que han aprobado.                   
[4] A verdad absoluta me refiero a que el saber no lo dan los textos, literalmente hablando, el saber lo da la experiencia, el actuar diario…, porque más que preparar una clase, el maestro debe ir preparado a que en el aula, cualquier cosa puede suceder.

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